LA
MORTALIDAD DE LAS TRUCHAS DEVUELTAS AL AGUA Y ALGUNA DE SUS IMPLICACIONES EN
LA GESTION DE LA PESCA
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Autor: Fernando Alonso
Gutiérrez
Tradicionalmente las limitaciones
impuestas al empleo de determinados cebos han venido establecidas por lo que
podríamos llamar un criterio de "eficacia", esto es, se limitaba el
empleo de un cebo que se consideraba excesivamente eficaz. Un ejemplo en esta
línea podría ser la prohibición de empleo del asticot o el queso para la pesca
de la trucha en determinadas disposiciones legales. Desde el punto de vista
técnico esta limitación no tendría mucho sentido en el momento en que se fijase
un cupo máximo de capturas de una forma racional (ajustándolo a la intensidad y
eficacia de la presión de pesca y a las existencias de peces en el tramo),
puesto que es lo único en que repercutiría el empleo de un cebo más eficaz
sería en disminuir el tiempo necesario para alcanzar dicho cupo. Sin embargo,
la falta de datos sobre las poblaciones de peces y sobre la presión de pesca,
así como la falta de medios para controlar de forma adecuada al cumplimiento de
los cupos, ha hecho que los cupos de captura no suelan fijarse siguiendo este
criterio en España. Esto es especialmente cierto en el caso de las aguas
libres, en las cuales el gestor dispone de menos opciones para regular el
impacto de la pesca sobre la poblaciones (puesto que no se puede limitar el
número de pescadores que pescan en el tramo), y donde la falta de datos es
dramática.
La escasa consistencia de los criterios
técnicos utilizados a la hora de determinar los cupos y los cebos autorizados,
así como la tradicional falta de información y divulgación por parte tanto de
la Administraciones Públicas como de las Federaciones de Pesca y Sociedades de
Pescadores, no ha hecho sino favorecer el desarrollo de la importante polémica
que ya de por sí desata el empleo de cebos naturales dentro del colectivo de
pescadores por motivos muy diversos.
Desde hace unos años la gestión de la
pesca en España ha ido incorporando una mayor base técnica, comenzando a
plantearse limitaciones de uso de determinados cebos en base a las mortalidades
en devolución generadas por su empleo, más que por otra serie de criterios más
subjetivos. Esta mortalidad es la que se produce, con cada tipo de cebo, como consecuencia
de la captura y el manejo en los peces que se devuelven al agua (bien por que
sea exigido por la normativa aplicable, bien por la voluntad del pescador) una
vez transcurrido un determinado tiempo desde la captura (habitualmente tres o
cuatro días). No obstante, en la actualidad dicha tendencia sólo está recogida
de forma explícita en la reglamentación de pesca en Castilla-La Mancha.
Efectivamente, en el Reglamento de Pesca Fluvial se incluye, al desarrollar los
Planes de Gestión de especies de interés preferente (P.ej.: la trucha común),
una referencia a la mortalidad en devolución originada por los diferentes cebos
y artes de pesca, clasificándolos según dicha mortalidad y limitando su empleo
en función de los objetivos de gestión de cada tramo.
La mortalidad en devolución es un
factor especialmente importante en aguas sometidas a una considerable presión
de pesca, en las que la probabilidad de que un pez sea capturado es elevada
((como ocurre con la mayor parte de nuestras poblaciones naturales de trucha
común). Parece obvio que si un número elevado de los peces que se devuelven al
agua murieran posteriormente, no sería justificable imponer su devolución. Por
otro lado, si la mortalidad no fuera apreciable, la población podría soportar
una determinada presión de pesca sin ponerla en peligro. Por ello resulta
imprescindible conocer la mortalidad que originan entre los ejemplares
capturados las distintas artes de pesca, saber si existen diferencias
significativas entre ellas, y evaluar los demás factores que puedan incrementar
o disminuir dicha mortalidad.
Dada la importancia que van adquiriendo
en la gestión de la pesca en nuestro país las medidas de gestión afectadas de
una forma u otra por este factor, como puedan ser la implantación de tramos sin
muerte o con tallas mínimas elevadas, o la citada limitación de empleo de cebos
naturales, creemos especialmente interesante poner a disposición de los
pescadores y gestores españoles los resultados obtenidos en otros países, en
los cuales la mortalidad en devolución ha sido analizada en detalle y desde
hace tiempo, ya que los estudios realizados en nuestro país a este respecto son
muy escasos, y en este momento no conocemos resultados publicados acerca de los
porcentajes de mortalidad en España. En este artículo nos centraremos en los
datos obtenidos en truchas (el grupo más estudiado, y el más afectado por la
presión de pesca y las limitaciones especiales) si bien en la bibliografía
pueden encontrarse datos de mortalidad para salmón del Atlántico, lucio y
black-bass, entre otros.
Las especies estudiadas, los tipos de
cebos empleados y, en general, el resto de variables consideradas no difieren
mucho de las que encontramos en España, por lo que opinamos que al menos los
resultados más concluyentes pueden aceptarse como válidos a priori para la
gestión de nuestras poblaciones de truchas. De hecho, algunos ensayos
realizados por nosotros ofrecen resultados muy similares a los de estos
estudios (ver tabla 1). Sin embargo, no hay que olvidar tampoco que los estudios
realizados en particular sobre trucha común son relativamente escasos, ya que
los autores americanos (donde más se ha estudiado el tema) se han centrado
preferentemente las especies de trucha propias de sus ríos.
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TIPO DE CEBO
EMPLEADO |
MORTALIDAD A
LOS 10 DIAS |
|
Mosca seca,
anzuelo sin muerte, núm 16 |
0% |
|
Mosca ahogada,
anzuelo con muerte, núm. 10 |
2% |
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Cucharilla, 3
anzuelos con muerte, núm. 1 |
6% |
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Tabla 1.
Resultados de un ensayo para analizar la mortalidad en trucha común realizado
en la piscifactoría "Rincón de Uña" |
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Se comparó la mortalidad originada por
cada uno de estos cebos en 50 truchas (repartidas en 5 lotes de 10) de un
tamaño medio de 18,98 cm.. El hecho de emplear distintos tamaños de anzuelo fue
intentar manejar la tamaños más habituales empleados en la provincia con cada
una de las técnicas (no se pretendía evaluar diferencias entre tamaño de
anzuelos). Las truchas capturadas se marcaron mediante ablación parcial de una
de las aletas. Se empleó un lote testigo, también de 50 truchas, capturado con
sacadera y marcado simultáneamente con todas las marcas empleadas, para
controlar el posible efecto del marcaje en la mortalidad. La mortalidad en el
testigo fue del 0%. Los lotes se mantuvieron durante 10 días repartidos en 5
estanques (en cada estanque se tuvieron 10 truchas del lote testigo y 10 de
cada uno de los lotes pescados con diferentes artes, para eliminar la posible
influencia de los estanques en la mortalidad), anotando al final de cada día
las bajas. Los valores de mortalidad con cebo natural (lombriz en anzuelo del
núm. 8) no pudieron calcularse con la misma precisión porque..... las truchas
atacaban antes a los plomos que a la lombriz!!!, y hubo que suspender el
experimento cuando sólo se habían capturado 20 ejemplares. La mortalidad media
observada con estos ejemplares fue del 12%.
Las variables que influyen en la
mortalidad en devolución son muchas, y algunas de ellas de difícil medida, por
lo que es frecuente encontrar resultados diferentes en este tipo de trabajos.
Por ejemplo, en el trabajo de Wydoski (1977) concluía que la mortalidad
originada por los cebos artificiales (excluida la mosca) era mayor que la
originada con mosca artificial, mientras que la posterior revisión realizada
por Mongillo (1984) no encontraba diferencias entre ambos tipos de señuelo. Por
ello se ha seleccionado como base para este artículo la excelente revisión
realizada por Taylor y White en 1992, que tiene la ventaja de comparar mediante
técnicas estadísticas los resultados de la totalidad de estudios de mortalidad
realizados hasta dicha fecha sobre truchas, lo que supone eliminar en gran
medida las diferencias debidas a las particularidades de cada experimento, y
permite basar los datos en los varios miles de individuos estudiados por
diferentes investigadores a lo largo de los últimos sesenta años.
Las variables analizadas por estos
autores para determinar su posible relación con la mortalidad en devolución son
las siguientes:
1.- Especie de trucha.
Los estudios que se han realizado sobre la siguientes especies: trucha común (Salmo
trutta), trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss), salvelino común (Salvelinus
fontinalis), trucha de garganta cortada o "cutthroat" (Oncorhynchus
clarki), y trucha de lago (Salvelinus namaycush), de las cuales
sólo las tres primeras están presentes en España, aunque el salvelino con una
distribución muy limitada.
2.- Tipo de cebo o señuelo empleado
(clasificándolos en mosca artificial, otros señuelos artificiales(1) y cebo natural).
3.- Empleo de anzuelos provistos o no
de muerte o arponcillo.
4.- Origen de los peces (según
fueran ejemplares capturados en piscifactorías o en el río).
5.-Porcentaje de peces clavados en
zonas críticas (arcos branquiales, esófago,
etc.....).
6.- Temperatura del agua.
7.- Tamaño de los anzuelos.
8.- Número de anzuelos del señuelo.
9.- Tamaño medio de los peces.
10.- Manejo realizado por el pescador. (Solamente
se consideró en esta variable el tiempo de lucha con el pez).
De todas estas variables, sólo las
cinco primeras (especie de trucha, tipo de cebo empleado, empleo de anzuelos
con o sin muerte, origen de los peces y porcentaje de peces clavados en zonas
críticas) muestran, en el conjunto de los trabajos estudiados, una relación
significativa con la mortalidad en devolución.
Analizando los resultados por especies,
la trucha común resultó ser la menos afectada por la mortalidad en devolución,
siendo el porcentaje de mortalidad medio para todo tipo de cebos inferior en
cerca de tres veces al del salvelino común y la trucha arco-iris.
Los cebos naturales causan una
mortalidad del orden de diez veces mayor que la originada por los cebos
artificiales. A este respecto hay unanimidad en
todos los trabajos analizados, si bien los porcentajes observados varían. Los
valores medios obtenidos son los que se recogen en al Tabla 2. Las diferencias
existentes entre los distintos tipos de cebos artificiales son
considerablemente menores, como puede verse en la misma tabla.
TIPO DE CEBO |
MORTALIDAD
MEDIA |
|
Mosca artificial |
3,8% |
|
Otros señuelos
artificiales |
4,9% |
|
Cebo natural |
31,4% |
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Tabla 2.
Mortalidad media para todas las especies estudiadas, según el tipo de cebo
empleado. |
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El empleo de muerte en los anzuelos (la
forma habitual de venta de los mismos) supone una mortalidad casi dos veces
mayor en el caso de los cebos artificiales, y de unas cuatro veces en el caso
de cebos naturales, como se indica en la tabla 3. Las estimaciones de
mortalidad para cebo natural con anzuelos sin muerte deben manejarse con
cautela, pues solamente en un estudio se empleó esta combinación de métodos.
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Anzuelos con muerte |
Anzuelos sin muerte |
|
Todos los cebos artificiales |
4,8% |
2,6% |
Cebo natural |
33,5% |
8,4% |
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Tabla 3.
Mortalidad media para todas las especies estudiadas, según el tipo de cebo
empleado y la presencia o no de muerte en el anzuelo. |
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Los peces capturados en el río
presentaron una mortalidad más alta que los capturados en piscifactorías. No
obstante hay que tener en cuenta que el control de la mortalidad se realiza
habitualmente en estanques a los cuales se lleva los peces una vez capturados,
por lo que las truchas de piscifactoría eran retornadas tras la captura a un
medio conocido, mientras que las procedentes del río lo eran a un medio hostil,
lo que puede influir en la diferente mortalidad observada.
En cuanto al porcentaje de peces
clavados en zonas críticas, como es de esperar, está relacionado con la
mortalidad observada.
No se pudieron extraer sin embargo
conclusiones significativas acerca de la relación con la mortalidad de la
temperatura del agua, el número y tamaño de los anzuelos y el tamaño medio de
los peces, si bien en este último caso parece existir una relación directa
entre el tamaño del pez y la mortalidad en devolución: a mayor tamaño, mayor
mortalidad. Sin embargo los datos disponibles no permiten confirmar
estadísticamente esta relación, al haber sido realizados la gran mayoría de los
estudios con truchas de pequeño tamaño (menores de 24 cm.).
En lo referente al manejo de las
capturas, sólo dos de los estudios realizados analizaron este aspecto, y
únicamente comparando si las capturas eran agotadas antes de extraerlas del
agua o no. No se pudieron apreciar diferencias significativas en la mortalidad
originadas por uno u otro tipo de manejo. Obviamente, la habilidad personal del
pescador y la educación en el manejo de las capturas pueden ser factores muy
importantes a la hora de disminuir la mortalidad en devolución, y que siempre
se pueden argüir como mitigantes del efecto de determinados cebos, si bien no
es menos cierto que las regulaciones de pesca han de fijarse siguiendo el
patrón de habilidad del pescador medio. Por otro lado, otros aspectos del
manejo del pez (empleo de extractores para sacar el cebo o corte de la línea
sin extraer el anzuelo, empleo de sacaderas, etc.....) pueden tener influencia
en la mortalidad y deberán ser estudiados.
En definitiva, de las cinco variables
cuya relación con la mortalidad en devolución se ha comprobado, y descartando
de momento el origen de los ejemplares por los razonamientos antes expuestos,
nos quedan, para una especie de trucha dada, dos factores que pueden ser
controlados por el gestor y cuya relación con la mortalidad en devolución está
bien documentada: el tipo de cebo empleado y la presencia o ausencia de muerte
en el anzuelo.
Refiriéndonos tanto a la trucha común
como a la arcoiris, se puede concluir que:
1) La mortalidad originada mediante el
empleo de cebos naturales es del orden de 10 veces mayor que la originada con
señuelos artificiales.
2) La mortalidad originada mediante el
empleo de anzuelos con muerte resulta se de 2 a 4 veces mayor que la originada
empleando anzuelos sin muerte.
El conjunto de medidas que se adoptan
para controlar el impacto de una presión de pesca determinada sobre una
población natural de peces debería ser lo más simple posible dentro de la
compatibilidad con la conservación de la población. En este aspecto lo
resultados comentados sugieren que la adopción de sólo dos medidas, a saber, la
prohibición de empleo de cebos naturales y la prohibición de empleo de anzuelos
con muerte puede rebajar a valores muy bajos la mortalidad de las truchas
capturadas y devueltas al agua (del orden o inferior al 1% para la trucha
común). La autorización conjunta de ambos puede implicar multiplicar de veinte
a cuarenta veces la mortalidad media en devolución, y elevarla a valores
inadmisibles.
Otra conclusión que puede extraerse de
estos datos afecta al cupo a fijar en las aguas libres en las que se autorice
el empleo de cebos naturales, en comparación con aguas de características
similares y con los mismos objetivos de gestión en las que dichos cebos no
estén autorizados. Ya que el control de la afluencia de pescadores no existe en
este tipo de aguas, y como de los resultados anteriores se desprende que la
mortalidad originada en la población es muy superior para la misma presión de
pesca, si la población quiere mantenerse en los mismos niveles habrá que actuar
bien sobre la talla mínima de captura, bien sobre el cupo de captura o bien
sobre los días hábiles o la duración de la temporada de pesca, haciendo una o
varias de estas medidas más restrictivas en el tramo donde los cebos naturales
están autorizados.
Elevar la talla mínima en el tramo
donde se autorizan los cebos naturales, aunque mejoraría algo la situación, no
sería la medida más adecuada en este caso, porque los peces liberados como
consecuencia de esta aumento están sometidos, como hemos visto, a una
importante mortalidad en devolución. Por ello sería más recomendable actuar
rebajando los cupos de captura o limitar los días hábiles. Esta medida no debe
entenderse como una penalización a un determinado conjunto de pescadores, sino
como una necesidad de gestión para poder aprovechar de forma sostenible la
población de peces. Una ojeada a las diferentes órdenes de vedas nos revelará
que la situación actual en España es precisamente la contraria (Como comentario
al margen del contenido de este artículo, y realizando el mismo razonamiento
para tramos acotados y tramos libres de las mismas características, se llega a
la conclusión de que las aguas libres deberían tener unas restricciones mayores
-o al menos iguales- que las impuestas a los cotos, ya que en estos últimos el
control del número de permisos permite un ajuste adicional de la presión de
pesca a las posibilidades de la población. También la situación actual es en
este caso radicalmente opuesta. Se suele argumentar: "Como no hay peces
grandes en lo libre por el exceso de presión de pesca, ¡cómo vamos a fijar una
talla más alta...!", y entramos en un círculo vicioso, ya que la presión
de pesca es precisamente la que impide que los peces lleguen a alcanzar dicha
talla). Obviamente en ambos casos los lugares sometidos a régimen intensivo de
sueltas quedan excluidos del razonamiento, ya que la población que en ellos se
mantiene es completamente artificial.
Por último parece necesario profundizar
en el estudio de algunos aspectos relacionados con la mortalidad en devolución
particularizados ya para las condiciones españolas. En primer lugar, la
realización de más estudios sobre mortalidad desarrollados específicamente con
trucha común sería conveniente para obtener una mejor estimación de los
porcentajes de mortalidad en devolución de esta especie. Determinar la
mortalidad originada por algunos cebos naturales cuya forma de ser pescados se
asemeja bastante a la de los señuelos artificiales en lo que respecta a la
rapidez del clavado (P. ej.: saltamontes, cebos pescados con veleta, etc...),
así como la de algunas técnicas de pesca más empleadas en nuestro país que en
Estados Unidos (P. ej.: pluma) es otro de los objetivos pendientes. El estudio
de la mortalidad en función de los diferentes tamaños de los peces, y
especialmente para peces de tamaño superior a la tallas mínimas habituales (ya
que la mayor parte de los estudios citados emplearon peces de talla inferior a
la mínima legal, que en la época de realización de los trabajos eran los que se
devolvían al agua) para evaluar la influencia de la mortalidad en tramos con
tallas altas o sin muerte, así como de las temperaturas del agua, que pueden
ser más críticas en España que en otros países, son otros aspectos interesantes
a evaluar. Por último, el manejo del pez después de la captura, como se dijo
anteriormente, debe ser estudiado con más detalle. En este sentido puede ser
muy interesante la colaboración entre los pescadores (a través de sociedades
colaboradoras, etc.....) y la Administración, para la realización de
experimentos de mortalidad en los que se simularan de forma más realista las
condiciones de pesca (P.ej.: Experimentos "ciegos" en los que se
solicite a distintos pescadores que capturen una serie de truchas, sin
advertirles del objeto del experimento, para conseguir un manejo de las
capturas lo más similar posible al que se produce realmente, evaluación de la
mortalidad en capturas realizadas por pescadores con distinto grado de
experiencia, etc.....) y el control conjunto de los resultados de los
experimentos, lo que repercutiría en una mejor aceptación de los resultados así
obtenidos por parte de los pescadores, al intervenir ellos en el desarrollo de
las experiencias. La divulgación de los resultados obtenidos al colectivo de
pescadores es obviamente una condición necesaria para el éxito en la
implantación de estas medidas.
1. El término inglés "lure", que hemos traducido aquí como "otros señuelos artificiales", engloba en el sentido empleado en estos trabajos tanto a las cucharillas y cucharas como a los peces artificiales y devones.
Pondremos un ejemplo práctico de la
influencia de la mortalidad sobre los cupos en el caso de emplear cebos
naturales y artificiales. Vamos a partir de datos reales -simplificados- sobre
la composición de nuestras poblaciones de trucha común. A partir de 18
poblaciones estudiadas en ríos de la cuenca del Tajo (García de Jalón et al,
1994 "Estudio de las poblaciones trucheras de los ríos Tajo, Gallo, Hoz
Seca y Cabrillas"), se observó que el porcentaje medio de truchas de
edades superiores a los 2 años (clase de edad en la que se alcanza la talla
mínima de 22 cm.) era aproximadamente el 30% del total de truchas de edad
superior a 1 año (los tramos estudiados corresponden tanto a tramos sin muerte,
cotos y tramos libres. En los tramos libres la proporción de truchas de tamaño
superior a la talla suele ser más pequeña, como consecuencia de la explotación
por pesca, y el impacto de la mortalidad en devolución será previsiblemente
mayor). Podemos suponer para simplificar que las truchas menores de un año
(menores de 7-8 cm.) no se capturan con caña, y que todas las truchas tienen la
misma probabilidad de ser capturadas (normalmente las truchas más grandes son
más difíciles de capturar, por lo cual estamos siendo conservadores en la
estimación de la mortalidad). Supongamos que el cupo admisible es de 6 truchas.
Un pescador tendría que capturar un
total de 13 truchas menores de la talla para conseguir capturar 6 truchas de la
talla. De estas 13 truchas que deben devolverse al agua no llegaría a morir
ninguna si se pesca, por ejemplo, con mosca artificial (13*3,8/100=0,49), con
lo cual el pescador extrae realmente 6 truchas del río.
Sin embargo, si el pescador emplea cebo
natural, de las trece truchas devueltas morirían aproximadamente 4
(13*31,4/100=4,08), por lo que el pescador extrae 10 truchas, y no 6, del río.
El cupo (o los días hábiles), deberían ajustarse en estas aguas para compensar
esta mayor extracción. En el caso del ejemplo, habría que reducir el cupo a 4
truchas, de forma que para conseguir las 4 truchas de talla habría que pescar 8
pequeñas -de las que morirían 2-, y el número de truchas extraídas sería
entonces de 6.
¿AUMENTA LA PESCA SIN MUERTE LA SELECTIVIDAD DE LAS POBLACIONES DE TRUCHA? |
Autor:
Alejandro L. Viñuales Guillén
En la revista "Pesca a mosca
AEMS" número LVI se publicó un pequeño artículo titulado "Tablas
¿imposibles...?" en el que se comentaba que la pesca sin muerte pudiera
tener algunos efectos digamos altamente didácticos sobre los peces. El autor
consideraba estos efectos, que él calificaba de "dificultades
artificiales", como indeseables; hasta el punto de que, según sus
afirmaciones, le llevan a alejarse de los lugares de pesca, otrora para él
atractivos, donde cree observarlos. Afirma que sus sospechas se confirmaron al
conocer que en USA (sic) "hay cotos muy caros. Es obligatorio matar las
truchas que se capturan para evitar su educación. El socio que paga, quiere
pescar".
El grueso de su argumentación se apoya
en la existencia de lugares en los que las truchas son muy selectivas, y
concretamente se refiere a una tabla situada justo río arriba del coto
experimental de Peralejos, que recordemos que fue el primero en crearse en
España, allá por el año 1.981, a sugerencia de la AEMS y gracias al
trabajo directo de parte de sus socios.
Vayamos por partes:
1.- El que la pesca enseña a los peces
a desconfiar de los pescadores y de sus artes, es lógico suponerlo, y entra
dentro de la relación natural entre predador y presa, en esa carrera de
estrategias que forma parte de los mecanismos involucrados en la evolución de
las especies. Pero pensar que la pesca sin muerte es especialmente eficaz en
este aspecto, hasta el punto de convertir a la generalidad de los peces en
impescables, no sólo no me parece acertado, sino completamente erróneo. Creo
que esa suposición viene ante todo de la habitual tendencia al antropomorfismo
en nuestras explicaciones de los comportamientos animales, y no me molestaría
en intentar refutarla por escrito si no pensara que en este caso pudiera servir
a algunos como arma contra la pesca sin muerte, modalidad que nuestra
asociación siempre a defendido, y modalidad de la que personalmente soy un
entusiasta partidario, no sólo como personal actitud ética, también como figura
de gestión pesquera llena de posibilidades y de futuro.
No sé si contar mis experiencias
servirá para algo, pero puedo asegurar que he llegado a pescar hasta ocho veces
una misma carpa, entonces vivía al lado de un pantano; y este mismo año he
pescado y soltado 4 veces la misma trucha en un arroyo que pasa a trescientos
metros de mi casa, en el que además no habré pescado más de una decena de
veces, y en ningún caso he encontrado apreciables diferencias de dificultad
entre las primeras capturas y las postreras.
Esta última temporada truchera calculo
que he dedicado alrededor de sesenta días, al menos en parte, a la pesca de la
trucha; de ellos una quincena fueron en cotos o tramos libres sin muerte (que
desgraciadamente aún no existen en esta mi nueva patria que es Asturias), pues
bien: la inmensa mayoría de los buenos ratos que ahora puedo recordar han
sucedido en ese 25% de jornadas que han tenido lugar en esos tramos en los que
las truchas supuestamente tienden a ser de imposible captura.
2.- Las trucha selectivas existen desde
bastante antes de que la pesca sin muerte se hiciera habitual. Recuerdo unos
versos de Izaac Walton que dicen: "y si no muerde el cebo alabo la
prudencia, del que no se deslumbra tras la vana apariencia", en clara loa
a esas truchas difíciles. Una actitud, las del viejo Izacc, que creo más digna
que la de calificar a las truchas, salvajes y libres, a las que no se puede
engañar, de "pobres animales acosados y asustados" con los que no
merece la pena perder el tiempo. Comprensible reacción, por otra parte, que me
trae a la cabeza el refrán de la zorra y las uvas verdes.
Debo decir que creo que en esas
circunstancias, a las que yo no soy en absoluto ajeno, el pobre animal soy más
bien yo que el pez, y cuando suceden (bastante a menudo), procuro tomarlas como
una positiva lección (lecciones de humildad, las llama Luis Antúnez), que me
recuerdan que hay muchas cosas que ignoro, y que por suerte jamás agotaré los
misterios que la naturaleza esconde.
Ya sé que hay personas que no soportan
darse cuenta de que no somos gran cosa, cuyo orgullo sufre en exceso cuando un
simple animal demuestra ser más astuto que ellos; he visto cómo mataban barbos
a pedradas cuando frezaban en un arroyo y se ensañaban después con los
cadáveres, únicamente porque no mordían el anzuelo.
Yo mismo, nadie es perfecto, me he
sorprendido insultando (medio de broma, sí, pero insultando), a las trucha que
me rechazaban una imitación detrás de otra. No hay duda de que la frustración a
nadie gusta y de que puede llegar a nublar el buen sentido hasta extremos
peligrosos.
3.- El tramo que pone como ejemplo el
autor del artículo no es un tramo sin muerte (ni siquiera el coto experimental
de Peralejos sería un buen ejemplo de tramo sin muerte), más bien todo lo
contrario.
Desde luego es a menudo un tramo
difícil, aunque no comprendo qué tiene que ver con esta dificultad el captura y
suelta, sería bastante más lógico achacarla al captura y mata.
Cualquiera que conozca el lugar
convendrá conmigo en que las truchas que consiguen establecerse allí sin sucumbir
a las artimañas, legales e ilegales, de los cientos de pescadores que intentan
capturarlas, tienen que ser forzosamente prudentes.
Puedo citar algunos ejemplos sobre la
dificultad del tramo: hace dos o tres años mi compañero de pesca, excelente pescador,
sólo por casualidad consiguió encontrar una imitación medianamente válida de lo
que estaban comiendo, que resultaron ser exhuvias de tricóptero.
En otra ocasión mi hermano me comentó
que, durante unas vacaciones de varios días en la zona, sólo después de muchas
pruebas consiguió fabricar un chochín artificial que funcionaba, tras
haberle fallado las imitaciones clásicas (para quienes lleven poco tiempo con
nosotros les diré que el chochín es un pequeño díptero, muy abundante en las
cuencas del Tajo y el Júcar, de color verde a marrón muy variable en las
distintas fases de la emergencia).
Tiempo antes, yo mismo he pescado allí
alguna buena trucha en días imposibles, después de muchos fracasos, sólo con el
auxilio del sereno y de un díptero artificial, de pluma oscura, en un anzuelo
del nº 28.
Creo que el autor del artículo explica
en su artículo parte de la causa de su fracaso en esa zona, cuando habla de
animales conscientes de su presencia: desde luego es difícil conseguir capturar
una trucha salvaje consciente de nuestra presencia, ya lo es incluso cuando
ignora la misma, y no me cabe duda de que se logran mejores resultados cuando
esa presencia no es advertida por las truchas.
Por otra parte, me parece muy bien que
cualquier pescador se ponga el nivel de dificultad que considere más adecuado,
los hay, los conozco, cuya máxima ambición es pescar truchas con berberecho a
fondo en un coto intensivo, y así llevan haciéndolo a su plena satisfacción
desde hace años. Tienen todo mi respeto y, sinceramente, mi admiración.
4.- Personalmente dudo mucho de la
existencia de esos caros cotos made in USA en los que la pesca se exige mortal
para así mantener a las truchas en la ignorancia y facilitar su captura (si
bien es cierto que existen lugares en los que la pesca sin muerte está
prohibida, el único motivo que para ello conozco es controlar al máximo el
número de capturas y evitar una alta mortalidad posterior a la suelta, pues
suelen ser tramos en los que pueden utilizarse cebos naturales).
Si por casualidad existiera tal
aberración, para mí sólo indicaría dos cosas: por un lado que sus pescadores no
sienten la pesca como la siento yo; y por otro que no son excesivamente
perspicaces.
Si realmente quieren pescar en ríos en los que la pesca sin muerte
es una quimera, pueden venir al occidente de Asturias, pescar aquí es
prácticamente gratis, y difícilmente encontrarán (salvo que pesquen en las
cercanías de mi pueblo) alguna trucha viva que haya aprendido en anzuelo ajeno
la existencia de moscas artificiales. Eso sí, no les garantizo que pesquen
mucho, sobre todo si no están dispuestos a dedicar algunos meses a investigar
qué leñes comen las truchas, y por qué, incluso en los chorros, truchitas de
menos de veinte centímetros les rechazan las moscas que tan buen resultado les
dan en otros ríos.
Por otra parte no puedo evitar sentir
algo parecido a lástima por los practicantes de la pesca recreativa que todavía
confunden el pescar con el coger peces, los pobres se están perdiendo lo más
divertido de esta nuestra pasión.
Si reflexionamos un poco, nos daremos
cuenta de que lo que según los socios de los supuestos cotos de la muerte evita
el "aprendizaje" de las truchas es en realidad su mejor escuela:
Si sistemáticamente eliminamos a las
truchas que más fácilmente pican, las que queden serán sin duda las más
difíciles. Si suponemos que esa dificultad se debe a aspectos como una especial
capacidad de observación y una mayor desconfianza, características ambas
perfectamente transmisibles por vía genética, a largo plazo estaremos
favoreciendo una población especialmente difícil de pescar (algo aparentemente
observable en los ríos sobrepescados, aunque es difícil saber qué porcentaje de
dificultad se debe a comportamientos selectivos y qué otro se debe simplemente
a la escasez de truchas).
Lo contrario ocurre en los cotos sin
muerte: aquí todas las truchas tienen similares posibilidades de llegar a la
edad adulta, incluidas aquellas más torpes o agresivas a las que fácilmente se
las engaña con una mosca artificial, por lo que, aún suponiendo que algunos
ejemplares "aprendan" de la experiencia de las repetidas capturas, lo
que estamos favoreciendo es la existencia de una población menos desconfiada,
más agresiva (algo que también va unido a la competencia intraespecífica, teóricamente
mayor en las poblaciones con más densidad de individuos), más natural en suma
(pues creo que si el ser humano no se dedicará a lo que se dedica, las truchas
que tendrían más posibilidades de supervivencia en condiciones normales serían
precisamente aquellas que más fácilmente se pescan: las más fuertes, y por lo
mismo las más glotonas, las que más rápidamente crecen, las que ocupan los
mejores puestos, las más rápidas, las más feroces...
Personalmente opino que el grado de
aprendizaje individual ante los estímulos de las repetidas capturas y
posteriores sueltas, que no dudo que existe, hasta cierto punto, sirve para
compensar en parte la mayor "pescabilidad" general de las poblaciones
donde se practica mayoritariamente la pesca sin muerte. Yo me he llegado a
aburrir en cotos sin muerte tenidos generalmente por magníficos por la excesiva
facilidad de las capturas (y no me refiero a cotos intensivos o
semi-intensivos), por suerte estos han sido momentos puntuales que también he
conocido, aunque más raramente, en tramos libres tenidos por difíciles, por
ejemplo el Hozseca, y aunque no me cabe duda de que es mucho más fácil
conseguir buenas capturas en tramos sin muerte (que realmente se pesquen sin
muerte) considero que ello se debe a la mayor densidad truchera, y no a que las
truchas devengan imbéciles; pues también podría relatar lecciones de humildad
en cotos sin muerte como Huélamo, en Cuenca, o Belmonte, en Asturias.
Por cierto, este último coto se abrió
en la temporada de 1996 a la pesca sin muerte, tras varios años de veda,
rebosante de truchas a menudo enormes, y tuve la suerte de poder pescarlo desde
la primera semana de apertura. Son truchas completamente autóctonas, según los
análisis genéticos realizados por la Universidad de Oviedo, y ya desde el
primer día (os recuerdo que eran truchas que jamás habían visto un pescador de
caña, exceptuando tal vez algún furtivo en ciertas zonas del tramo, aunque
estos a menudo no pescan con caña) me obsequiaron con una selectividad que en
algunos períodos era realmente asombrosa. Tras una decena de jornadas de pesca
en ese coto (comprenderéis que sea mi favorito) siguen existiendo esos momentos
de actividad superselectiva en los que por ahora me declaro incapaz de pescar
adecuadamente, sin que ello me produzca ninguna molestia: simplemente no sé aún
cómo imitar el estadio emergente del díptero minúsculo que comen ávidamente en
esos momentos, tal vez la temporada próxima resuelva el problema, o tal vez
nunca lo consiga, en el fondo me da lo mismo, porque lo que de verdad me gusta
es poder intentarlo.
Para finalizar: yo estoy en la AEMS
porque creo que su objetivo es la conservación de la naturaleza en general, y
en particular de los salmónidos y su medio ambiente, objetivo que es también
mío; y aunque no dudo de que esto está bastante relacionado con que los
pescadores podamos divertirnos más, al tener más peces en los ríos, creo que la
AEMS no tiene como función facilitar que los pescadores llenen la cesta de
peces, y precisamente si enseñamos a pescar con mosca es porque esta modalidad
de pesca es la que mejor permite la práctica efectiva del captura-y-suelta.
Termino reiterando que estoy convencido
de que la pesca sin muerte no favorece la selectividad de las truchas. Pero aún
en el caso de que así fuera, yo seguiría pescando sin muerte, y os aseguro que
sería completamente feliz haciendo bolo tras bolo y viendo los ríos rebosantes
de truchas tan difíciles que yo fuera generalmente incapaz de pescar ninguna
con mi pobre bagaje de mosquero.
SI QUIERES OPINAR,
EN sinmuerte@riograndedexuvia.com
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GUIA PRACTICA PARA
CONSERVAR
Y RESTAURAR TUS RIOS Y HUMEDALES
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Este cuaderno trata de servir de herramienta
útil a quienes se muestran interesados en la conservación de los ecosistemas
acuáticos. A menudo nos vemos inmersos en una multitud de procedimientos y
formularios muy técnicos y burocratizados cuando intentamos poner coto a los
ataques que sufren los ríos y humedales. |
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Este es el fin de esta Guía Práctica:
ayudar a los ciudadanos a que su preocupación fructifique y las autoridades
públicas cumplan con su obligación de conservarlos. Emplea un lenguaje llano
y sencillo con la idea de que sea accesible a todos. |
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Esta Guía Práctica incluye cómo interponer
una denuncia, cómo presentar alegaciones, las quejas a la Comisión Europea y
a los Distintos Defensores del Pueblo y la manera de solicitar la caducidad y
revisión de concesiones para que se proceda a la demolición y
desmantelamiento de obras hidráulicas. |
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Junto a los distintos formularios y
modelos de instancias, se incluye una lista de direcciones de interés de los
principales organismos competentes. |
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Edita: AEMS-RÍOS CON VIDA ¡ Descarga del documento desde aquí! |
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