En climatología se entiende por ola un fenómeno atmosférico que produce variación repentina en la temperatura de un lugar. Pero la idea más común de ola se refiere a la onda de gran amplitud que se forma en la superficie de las aguas. La mayor parte de las olas que se pueden observar son producidas por el viento, pero no hay que olvidar las llamadas “olas de marea” que no tienen nada que ver con las mareas, causadas en realidad por grandes perturbaciones geológicas del suelo submarino: terremotos, erupciones volcánicas submarinas y gigantescos deslizamientos de tierras. Estas olas destructivas, denominadas “tsunamis” por los oceanógrafos, son aperiódicas y su aparición no puede predecirse a largo plazo.

 

       Los oceanógrafos distinguen dos tipos de olas provocadas por el viento: las olas de viento propiamente dichas, mantenidas y provocadas por él, y las olas de marejada, que son olas de viento que abandonaron la región donde se formaron llegando a zonas en calma o de viento menos intenso, y disminuyen gradualmente de tamaño.


       Las olas marinas comunes originadas por el viento pertenecen a un tipo denominado ondas oscilatorias progresivas, ya que se propagan a través del agua originando un movimiento oscilatorio. Altura de la ola es la distancia vertical entre el seno y la cresta. Se denomina período al tiempo transcurrido entre el paso de dos crestas consecutivas por un punto fijo, y la velocidad de la ola a la velocidad con la que la ola avanza sobre la superficie del agua medida en metros por segundos o nudos.

       La eficacia del viento para producir olas está en función de su velocidad media, pues ella determina la cantidad de energía recibida por la ola, de la duración del tiempo en que actúa, ya que de ello dependerá que la ola alcance o no el máximo tamaño, y de la amplitud del mar abierto sobre el que actúa.


       Como consecuencia del rozamiento del viento sobre el mar se crean los primeros rizos, sobre cuya cara levantada actúa el viento directamente. Estas olas pequeñas, con caras escarpadas, se rompen en su mayoría formando espumas y turbulencias, con lo que devuelven parte de su energía almacenada y contribuyen a formar olas mayores que las absorben y almacenan mejor la energía.

 

Esta es la zona de creacción, que en una tormenta puede ocupar miles de kilómetros cuadrados. A medida que las olas crecen, no sólo aumenta su altura y velocidad, sino también su longitud. Si los vientos aplican una energía superior a la que la ola puede absorber, la cresta comienza a empinarse hasta tener un filo de 120º y una altura de aproximadamente 1\7 de su longitud, momento en el cual la ola se rompe y forma una rompiente.

 

       Por lo tanto, las olas largas pueden elevarse mucho más que las cortas, que alcanzarán su altura máxima en seguida, rompiendo, mientras que las largas continúan creciendo. Cuando las olas se alejan de la región donde actúan los vientos que las originaron, se hacen más simétricas y redondeadas, formando trenes de período y altura similar, las llamadas marejadas. Las olas no aparecen como crestas y senos espaciados regularmente y colocadas de forma paralela, sino que presentan formas y alturas muy variadas, debido a la interferencia de trenes diversos que existen simultáneamente.

       Estos trenes de olas presentan no sólo períodos diferentes , sino también direcciones algo distintas, por lo que se cruzan en muchos puntos: cuando coinciden dos crestas, la altura de la ola aumenta y se forma un máximo; cuando coinciden dos senos, la depresión se acentúa. Lo más frecuente es que las crestas coincidan con los senos y se equilibren.


       El efecto que las olas ejercen sobre el medio ambiente, tanto marino como terrestre, es múltiple: aceleran el intercambio no sólo de calor, sino también de gases y sólidos, pues el movimiento de las olas introduce en el seno del agua burbujitas de aire que se disuelven, y a la vez pulveriza agua de mar, que deja suspendidos en la atmósfera gérmenes orgánicos y cristalinos de sales al evaporarse. Por otra parte, dificultan la respiración de los organismos pequeños que han de acudir a la superficie para ello, así como el desarrollo del neuston.



       Sin embargo, el efecto más importante es la acción mecánica que las olas ejercen sobre los organismos de la costa, pues la presión por motivo del impacto puede llegar a alcanzar valores altos, esfuerzo al que hay que añadir el efecto de cizalla que transversalmente actúa sobre los organismos que habitan la zona batida por las olas. En las playas y fondos arenosos, para cada velocidad de la corriente del agua hay una dimensión mínima de los gránulos que garantiza su estabilidad; los organismos asentados sobre gránulos de tamaño inferior al mínimo, quedan destruidos por roce con otros gránulos. Estas condiciones de vida provocan la aparición de mecanismos de adaptación muy variados: desde el desarrollo de conchas de forma adecuada y mecanismos potentes de sujeción como es el caso de las lapas, mejillones, etc,.. a la producción de cementos con propiedades extraordinarias, como en el caso de los cirrípedos balanoides, pasando por los lamelibranquios excavadores de nichos en las rocas, algas con asombrosa resistencia a la tracción o gran flexibilidad para ceder al movimiento del agua sin romperse, o simplemente como los nudibranquios desnudos
.
       Como consecuencia de la agitación producida por las olas, que varía según una dimensión vertical, se produce una zonación de tipos biológicos que ocupan niveles superpuestos y que, conjuntamente con la agitación debida a las mareas, fijan las normas de colonización de las costas.



Cifrado

Nombre

Altura en metros

0

Calma o llana

0

1

Rizada

0 a 0,1

2

Marejadilla

0,1 a 0,5

3

Marejada

0,5 a 1,25

4

Fuerte Marejada

1,25 a 2,5

5

Gruesa

2,5 a 4

6

Muy Gruesa

4 a 6

7

Arbolada

6 a 9

8

Montañosa

9 a 14

9

Enorme

Más de 14