"TREBA Y TERRITORIUM, GÉNESIS Y DESARROLLO
DEL MOBILIARIO E INMOBILIARIO ARQUEOLÓGICO INSTITUCIONAL DE LA GALLAECIA"
* * *
LUSITANO? SERMO LATINO VULGARÍSIMO
LUSITANO? SERMO
LATINO VULGARÍSIMO es epígrafe condicionado por el hecho indiscutible de que
unas inscripciones bajo imperiales lusitanas, las célebres de Cabeço das
Fraguas y de Lamas de Moledo, nunca datables, según se desprende de manera
irrefutable del cuadro evolutivo del alfabeto latino en las inscripciones
imperiales de L. Monteagudo, en ningún caso, antes de la segunda mitad del s.
II d. C., son necesariamente latino-provincianas. Dichas inscripciones sobre
unos altares de piedra llamados en gallego moderno todavía palas, levantan acta
de unos sacrificios que en ellos habrían tenido lugar. El llamado Lusitano es
en realidad un mal latín provinciano. Mas no siendo yo filólogo para llegar al
fondo de este enredo, declinaré ventoleras de método y mi voz en estos papeles,
ciñéndome a la voz de los lingüistas, la de Villar, la de Untermann, la de
Losada, la de Omnés, etc. Pala es voz viva en el gallego y en el
portugués, designando una piedra y un
refugio rocoso, y aún, en portugués, la cámara megalítica de un dolmen, como
ningún lingüista gallego puede ignorar, y lo es también, significando grasa de
puerco radallo “radom” y debería ser
universalmente latina –de no estorbarlo unos pocos desafectos que innovan en lo
paleo hispánico contra viento y marea- en una inscripción bajo imperial
peninsular “porcom”. Aquí hay gato encerrado. Con todo mi respeto a las
personas interpuestas en este capítulo, quédese con el gato quien quiera gato,
pero, eso que quede claro, que no piense que le dan liebre, o porcom...
Esta es una sección de un capítulo de mi tesis
doctoral intitulada "TREBA Y TERRITORIUM, GÉNESIS Y
DESARROLLO DEL MOBILIARIO E INMOBILIARIO ARQUEOLÓGICO INSTITUCIONAL DE LA
GALLAECIA" -dirigida por la profesora, Doctora, Doña Raquel
CASAL GARCÍA del Departamento de Historia I De La Universidad De Santiago De
Compostela, y el profesor, doctor, don José María LUZÓN NOGUÉ catedrático de la
Universidad Complutense de Madrid, académico de la Real Academia de Bellas Artes- presentada el 1º de mayo de
2004 y defendida en el mes de noviembre
de dicho año ante un tibunal presidido por el profesor Martín ALMAGRO GORBEA ,
anticuario perpetuo de la RAH en el que estaban, entre otros profesores, los
celtólogos Venceslás KRUTA, profesor emérito de la EPHE de la Sorbona; el Catedrático de la USC Fernando ALONSO
ROMERO. Dicha tesis obtuvo la calificación de Sobresaliente cum laude por
unanimidad del tribunal intitulada Treba y Territorium: Génesis y desarrollo
del mobiliario e inmobiliario arqueológico e institucional de la Gallaecia, fue
publicada en formato digital por el SERVIZO DE PUBLICACIÓNS E INTERCAMBIO
CIENTÍFICO DE LA USC, “TESES DE
DOUTORAMENTO 2004, ISBN 84-9750-450-X; D.L. C-202-2004
(Mi agradecimiento especial a Don Jesús
García LÓPEZ-VALERO por su ayuda
generosa para la difusión de este y de otros trabajos) riograndedexuvia@riograndedexuvia.com
ABSTRACT
In Callaecia (Galicia, Spain)
an advanced common institutional Celtic system developed. This system was a
result of contact and infiltration of ideas and institutions throughout
centuries between neighbours and inhabitants of the so-called Atlantic Cultural
Complex. We will show how these institutions survived from protohistory (from
the beginnings of Roman domain) to the early middle ages. In this Celtic
background, peasants of different conditions occupied the lowest echelon of
society living in a treba, “tribe”, in small communities under the protection
of a lord, noble or master whose lands were given to them by the king in return
for military services. The study and analysis of this long process is the
objective of our thesis. For this purpose, we have given not only information
about Indo-European culture that could be derived from language but also from
other disciplines (history of institutions, archaeology, prehistory, and
comparative religion). Keywords. Atlantic Cultural Complex. treba, “house”,
“tribe”; trebopala, “tribe stone altar”.
3. ¿SON UN CONCEPTO
LINGÜÍSTICO LOS CELTAS?
“Toda lengua se caracteriza respecto de sus ‘orígenes’ y
de sus semejantes o emparentadas, por un conjunto diacrónico y sincrónico,
jerarquizable, de innovaciones, elecciones y conservaciones en su sistema
fónico y gramatical, en su léxico patrimonial, de tal forma que nos es posible
reconocer o negar esa lengua en un texto, o reconocer que éste da entrada a
formas ajenas o adquiridas.” (Juan José MORALEJO ÁLVAREZ).
Del mismo modo que seguirán sin duda defendiéndose, como
si funcionasen con la regularidad de la mecánica cósmica, algunos cambios
fonéticos hoy invalidados por Hugo SCHUHARDT38
cambios fonéticos, leyes o dogmas establecidos en el siglo XIX por los
Neogramáticos, también siguen comprometiéndose aún hoy en extraños maridajes
lingüísticoarqueológicos, desde hace largo tiempo, los apelativos celta y
céltico.
Contra nuestra visión sobre los hechos y en contraste con
el aporte proporcionado por determinadas evidencias arqueológicas (EVANS 1999:
2 ss.), los lingüistas continúan con cierta inmoderada “fijación” recurriendo al
empleo de tesis invasionistas, postulando para justificar los cambios y
evoluciones en las lenguas permanentes desplazamientos de pueblos o naciones39. Los arqueólogos por su parte, de modo
independiente, suelen hacer lo propio. A la imposibilidad de emparejar “les
mots et les choses”, la lingüística y la arqueología, imposibilidad destacada
por Colin RENFREW40, se añade que lo Celta
ahonda sus raíces en el Neolítico y en la Edad del Bronce, dado lo cual el
concepto de Celticidad Acumulativa pudiera excluir, pensamos, pese a no ser
ello perceptible a simple vista, el aplicar a la Hispania Prerromana ciertos
criterios lingüísticos o en exceso dogmáticos.
Hace unos ocho años nos quejábamos (PENA 1995: 33-34) de
esta fatal inveterada tradición, sacando a relucir que ya en 1926 John FRAZER41, al señalar cómo de modo pasablemente
acrítico los arqueólogos, basándose tan sólo para ello en el mero hallazgo de
cascos y otros diversos materiales cuya antigüedad según las dataciones
realizadas se remontaría a varios siglos, habían elaborado para el valle del
Sena un discurso narrativo invasionista imaginando la llegada a dicho punto
hacia el año 1000 a. C. de gentes celtoparlantes, cuando a decir verdad,
explica FRAZER, no se podía probar que en aquel punto se hablase entonces una
auténtica lengua celta.42
Restringido a un aspecto sólo lingüístico, al margen del
campo institucional dentro del cual lo definiremos nosotros en este estudio, el
término celta se aplica a una serie de lenguas emparentadas entre sí que dentro
del ámbito indoeuropeo ofrecen características particulares, hablándose por
ejemplo de un Celta arcaico, al que pertenecerían el Celtibérico y el
Goidélico,caracterizado entre otras cosas por la conservación de una *Kw (véase
por ejemplo el celtibérico ekue = “caballo”), mientras que otro Celta en
principio más desarrollado, englobando al Galo, al Lepóntico y al Britónico,
transformaría (SCHMIDT 1992: 45-47) esa *Kw en P.
Repitámoslo, el carecer de fuentes históricas escritas no
impide descubrir instituciones del pasado. Aun sin saber de quién, todo se
hereda - salvo acaso en ocasiones el dinero -, pues no sólo heredamos los
biológicos designios que las empresas aseguradoras apetecen, sino también la
forma de expresar sensaciones.
“No se puede decir [- sostiene Max MÜLLER -] que no
sabemos absolutamente nada de la época durante la cual los arios, no divididos
aún en pueblos diversos, formaron sus mitos. Aunque no conociésemos más que las
tradicciones de Grecia, tan obscuras cuando se las mira aisladamente, podríamos
sacar de ellas muchas inducciones sobre la época que precedió a la primera
aparición de la literatura nacional en Grecia. Otfried MÜLLER, aunque no pudo
aprovechar la nueva luz que la filología comparada ha proyectado sobre esa
época aria primitiva, ha dicho: ‘La forma mítica de la expresión que trueca
todos los seres en individuos, todos los relatos en acciones, es cosa tan
particular, que su presencia nos indica siempre “una época distinta” en la
civilización de un pueblo’. Desde el tiempo en que escribía Otfried MÜLLER, la
filología comparada ha traído todo ese período a la esfera de la historia
positiva. Ha puesto en nuestras manos un telescopio de tal poder, que, allí
donde antes no percibíamos más que nebulosidades confusas, descubrimos ahora formas
y contornos precisos. Más aún, nos ha permitido oír, si así puede decirse,
testimonios contemporáneos de esas lejanas épocas; nos ha representado el
estado del pensamiento, del lenguaje, de la religión y de la civilización en
una época en la que no existían aún el sánscrito y el griego, sino en que
ambos, así como el latín, el alemán y los demás dialectos arios, se contenían
en una lengua común, de igual modo que el francés, el italiano y el español
estuvieron primero encerrados virtualmente en el latín [...]. Aunque se
hubiesen perdido todos los documentos históricos, anteriores al siglo XV, y
aunque la tradición no nos hubiese enseñado la existencia de un imperio romano,
una simple comparación de los seis dialectos romances (Italiano, Válaco, Rético,
Español, Portugués y Francés) nos permitirá decir que en cierta época debió
haber una lengua de donde nacieron todos esos dialectos modernos”, como también
el comparar en dichas lenguas romances el presente de indicativo del verbo
auxiliar latino sum comprobamos que “cada uno de los seis paradigmas no es sino
una metamorfosis nacional del modo latino”43,
así como igualmente comparando el presente de indicativo del verbo auxiliar
latino sum con las formas correspondientes en Sánscrito, Lituano, Zen, Dórico,
Antiguo Eslavo, Latín y Armenio “debemos sacar las mismas conclusiones que de
las precedentes”44.
ELECCIONES, CONSERVACIONES, INNOVACIONES
Hoy como ayer, ajenas al álbum familiar, a la
paleontología lingüística, deambulando por lujosas y plásticas Barbienizaciones
blanqueadas con eurodólares de La “Coste” Azul, las palabras del globalizado
tráfico lingüístico se vienen y se van como termitas en pleno proceso
deconstructivo. Así, tomando por ejemplo un pasaje que EVANS nos brinda (D.
ELLIS EVANS, 1999: 8), vemos que hoy en el siguiente texto todo es a priori
inglés:
“I still insist that there are heuristic and hermeneutic limitations implicit in the quest for a proto-language.
How can a proto-Celta language be effectively defined or abstracted on the basis of national
transformations or archaisms as perceived in one or more - ideally all - extant Celtic languages.”
Pero suprimiendo lo alógeno sólo nos quedaría
genéticamente como inglés un sólido esqueleto:
“I still [...] that there are [...] and [...] in the
[...] for a [...]. How can a [...] be [...] or [...] on the [...] of [...] or
[...] as [...] in one or more [...] all [...]
A nadie sorprenden ya estos osados clásicos sabios
injertos grecolatinos en la germánica trama inglesa, siendo al fin y al cabo
los hablantes de estos tres grupos lingüísticos primos “germanos” entre sí, mas
prefiriendo acaso Juan José MORALEJO ÁLVAREZ la eufónica y sonora opacidad
galaicolocal empieza él diciéndonos: “Los rasgos fónicos, gramaticales y
léxicos se acumulan en un texto como [por ejemplo en] onte cheguéi cedo á miña casoupa para que no haya ni asomo de
castellano, y no lo hay [por el contrario] de gallego, salvo [en] en, si digo que tengo dos ovejas en una
cabaña [...]”. “Pero [- sigue MORALEJO -] en un texto intencionadamente híbrido
como Schneider, testigo de Jehová, hizo
ayer stop ante el parking de Oleiros no tenemos duda de que es castellano,
aunque tenga los anglicismos stop y parking, de los que hay explicación
extralingüística fácil e inmediata, y ni siquiera tenemos que preguntarnos
quién es ese sujeto Schneider, además
de que sea fácil dar cuenta extralingüística de la presencia de otros dos
elementos no castellanos, el teónimo Jehová
y el topónimo Oleiros. Documentación
y criterios nos alcanzarían también para detectar lo que no es patrimonial
aunque escribiésemos Esnáider hizo estó
ante el parquin”. “Con estos ejemplos elementales [- concluye MORALEJO -]
quiero significar que toda lengua se caracteriza respecto de sus ‘orígenes’ y
de sus semejantes o emparentadas por un conjunto diacrónico y sincrónico,
jerarquizable, de innovaciones, elecciones y conservaciones en su sistema
fónico y gramatical, en su léxico patrimonial, de tal forma que nos es posible
reconocer o negar esa lengua en un texto, o reconocer que éste da entrada a
formas ajenas o adquiridas. Además, en condiciones normales o favorables
podremos saber cuándo, cómo y por qué [...] la lengua y los hablantes han dado
entrada a esas formas.”45
Esta hibridación del texto la expone también Robert
OMNÈS:
“Lorsque l’on procède à un
classement des langues, on tient compte [...] du vocabulaire. C’est un aspect
important, mais il y en a beaucoup d’autres que l’on néglige. L’énorme
pourcentage des termes d’origine romane en anglais ne fait pas de cette langue
un parler ‘néolatin’”46. «Les nombreux
anglicismes du japonais ne modifient pas le classement de cette langue, car
elle adapte les néologismes d`origine étrangère à son propre système, à ses
structures profondes, phonologiques ou morpho-syntaxiques. Pour reprendre une
image chère a Unamuno, notre corps assimile la norriture que nous prenons et en
fait notre propre chair; bonheur parfois qu`ils acquièrent une véritable
<<légitimité>>. Deux langues appartenant à deux familles distinctes
peuvent présenter des traits communs, qui ne seront pas partagés par les autres
membres de ces deux familles. Il y a des <<inter-groupes>> . Ainsi,
l`emploi du gérontif dans la forme <<progresive>> (que l`on
pourrait appeles plus justement <<durative>>) est un trait commun
de l`espagnol et de l`anglais. L`apparition de ces phénomènes traslinguistiques
révèle bien souvent la présence d´un substrat identique. Notre étude ne portera
donc pas seulement sur le lexique, qui n`est qu`un aspect de cette vaste
question, mais encore sur la sémantique, la phonétique, la
morpho-syntaxe[…]Notons que lorsque nous faisons des rapprochements entre le
galicien et (ou) le castillan d`une part, les langues celtique de l`autre, nous
choissons surtout des exemples gallois et bretons. Cela tient à notre
conaissanse insuffisante des langues gaëliques. Nous souhaitons vivement qu`un
espécialiste de ces langues vienne nous apporter sa collaboration: celle-ci
permettrait de faire une abondante moisson de remarques intéressantes et
–peut-etre- de découvertes ».
Casi dos siglos separan el aserto del egregio
indoeuropeísta alemán F. Max MÜLLER de la monografía Le Substrat Celtique en Galicien et en Castillan elaborada por el
hispanista de Brest Robert OMNÈS, donde su autor recalca que la presencia
residual en castellano o en gallego de viejas célticas raíces lexicales
prerromanas, como berce, bico, bidueiro, camba, cabalo, camiño, cama, castiñeiro, cabana, caldeiro, braga, saia, broa, etc., no es
más importante o más significativo que la presencia de otros aspectos “como lo
son la semántica47, la fonética o la
fonología y de una forma destacada la evolución del acento latino por la
conservación del acento de la lengua de origen48
Respecto a la lingüística genéticamente manipulada, Juan
José MORALEJO ÁLVAREZ señala en una “nota sobre latinización y substrato”
(1997: 39) que:
“la complejidad
de los procesos lingüísticos, siempre imbricados con los étnicos y culturales,
puede ejemplificarse en el caso gallego y como vacuna contra simplismos
ideológicos con [las siguientes] [...] consideraciones: [...] la innegable y
abundante presencia de un substrato céltico está lejos de agotar y acaparar la
cuestión del substrato prerromano, que empieza por ser indoeuropeo. Sigo a BALDINGER
- dice MORALEJO - en recordar lo que expertos indoeuropeístas y romanistas han
ido concluyendo, a saber, que nada o poco tiene que ver con lo céltico e
incluso con lo indoeuropeo el substrato al que la lengua gallego-portuguesa y
otras del área septentrional hispánica deben rasgos tan esenciales como la
pérdida de *-n- y *-l- intervocálicas (lúa [latín luna(m)], ceo [latín caelu(m)]), la geada y el seseo, la
llamada nasalización progresiva, la palatalización de nasales, en, por ejemplo,
miña [cf. castellano mía] o muiño [cf. castellano molino],
el betacismo o fusión de *v con *b, e incluso la palatalización de los
grupos *cl-, *fl-, *pl- (chamar [latino clamare, cf. castellano llamar],
Chamoso [nombre gallego de lugar], chegar [cf. castellano llegar]). Por el contrario, el área
galaico-lusitana parece documentar mejor que la celtibérica la sonorización de
oclusivas sordas intervocálicas o entre sonante y vocal, proceso que, unido a
la pérdida de las oclusivas sonoras, está presente en buena parte del territorio
románico occidental y es de relación polémica con la llamada lenición,
característica del céltico insular, pero que parece que remontable en parte a
CC [celta común] y tiene presencia ya en celtibérico.”49
Lo cierto es que observar el fenómeno de la lenta fusión,
transformación o deconstrucción del importado latín con la matricial lengua
celta del substrato, tesis propugnada por nosotros - fenómeno a nuestro parecer
reflejado en el supuesto idioma lusitano que parecerían ofrecer las
inscripciones de Lamas de Moledo y de Cabeço das Fraguas -, no supone
contemplar con absoluta nueva visión los hechos, pues ya en 1939, en un póstumo
trabajo, el Príncipe Nicolás S. TRUBESTKOY justificaba los efectos de las
convergencias lingüísticas observables por el prolongado contacto entre lenguas50, cuestionando en particular así su autor la
existencia de una ancestral lengua Indoeuropea e impugnando audazmente, in articulo mortis, toda estructura
arbórea de parentesco familiar o genético entre idiomas, incitando acaso con
dicho escrito a J. P. DEMOULE51,
según ELLIS EVANS52, a poner en
entredicho, tras la lengua, la existencia de los propios Indoeuropeos.
Mas pese a que en esta angosta vía poco transitada, según
lo ha puesto recientemente de relieve el mencionado EVANS53, nuestro reto propugnando un Área Cultural
Atlántica, fruto de nuestras autopsias
o visiones, pudiera tangencialmente colisionar contra el todavía mayoritario
rumbo de renombrados lingüistas propensos a rechazar de plano las tesis
autoctonistas no arborescentes, permanecerán no obstante abiertas - para unos y
otros pues todos en realidad buscamos el Santo Grial - ciertas peligrosas
estrechas sendas de Rojas Caperucitas en pos de la Urheimat, de la común perdida patria, de la remota cuna donde latió
la lengua indoeuropea, donde prendió raíz el amplio árbol etnolingüístico cuyo
ramaje cobijó, junto con sus hermanas (germanas, itálicas, eslavas, etc.), a
las llamadas lenguas célticas. Seguirán perennemente en pie asimismo, tras
Lanzarote de Lago, tras Percivaldo, wagnerianos modelos corriendo en pos del
perdido celta hogar, buscándolo por un rincón occidental o noroccidental del
tracio espacio54, si acaso este rojo
lar no se halló antaño, aunque sin alejarse del viejo centro donde palpita el
hálito de nuestra clara Madre Europa, por un ignoto punto yendo hacia el Este55.
Dos siglos tras Max MÜLLER, viéndose erróneamente ello
como insólita novedad histórica, los world
comunication systhems intercambian las palabras con las cosas. Mientras con
pompa anual la Real Academia Española sanciona el matrimonio del padrone con la certissima mater, en los dominios de la Web los usuarios de las
lenguas buscan palabras tomándolas por breve tiempo en préstamo hasta que ya aburridos
recomienzan de nuevo. Al encuentro o choque del culpable consumo con los nuevos
ricos, de los instrumentos y usos institucionales con la patente de corso se le
llama ahora deconstrucción. Aunque haya variado en Londres el cuento de los
Tres Cerditos, no debe importunarnos ni importarnos la posición
sociolingüística del actual discurso historiográfico si ésta permanece ajena a
la factografía. “Illusion, limites et perspectives du comparatisme
indo-européen: pour en finir avec le mythe scientifique des proto-langues /
peuples” es precisamente el título de una publicación de Guy JUCQUOIS y
Christophe VIELLE que, ilustrando lo que acabamos de decir, reseña ELLIS EVANS
(1999: 9). Hace ya mucho tiempo que, con brillo comparable al resplandor del
siglo XIX, la Lingüística se ha hecho entre las ramas su camino seguro
Como la lupa permitiría en diminutas cosas a primera
vista irrelevantes observar detalles claves, nuestro sencillo método
aproximativo acumulativo no invasionista podría resultar un eficacísimo
instrumento de acercamiento al pasado entre los hasta ahora conocidos cuando
dicho método se complementa con fundamentales estudios sobre Mitología
Comparada y sobre Lingüística Comparada arborescente, como las de Jakob GRIMM,
Max MÜLLER, BOPP, etc.
No hay por qué desanimarse cuando se busca el origen de
los Celtas y de lo Celta, pese a la quizá sincera desazón con la cual, en 1995,
Alison HADFEL, citada por EVANS (1999: 14), terminaba su extenso ensayo en
Oxford:
No hay por qué desanimarse cuando se busca el origen de
los Celtas y de lo Celta, pese a la quizá sincera desazón con la cual, en 1995,
Alison HADFEL, citada por EVANS (1999: 14), terminaba su extenso ensayo “Si la
‘Celtización’ se puede construir como un proceso [...] en cuyo transcurso
cristalizó la identidad Céltica, entonces, teóricamente, sería posible
reducirla capa por capa a sus orígenes [...]. Pero - repara HADFEL a
continuación - existe una buena razón que nos hace dudar a la hora de hacerlo;
se trata del temor subyacente a que, después de todo, podría no quedar nada, es
decir, nuestros elusivos Celtas podrían desaparecer por el camino, llevándose
el problema de sus orígenes.”56
Analizando en larga exposición acumulativa complejísimos
fenómenos como la Salvaje Caza, el Horizontal Tránsito, el Ciclo de Valverde,
etc., para lograr interpretar en la Prehistoria y en la Protohistoria, dentro
de contextos evolutivos culturales inmovilistas, la función de lo arqueológico,
demostraremos que Los Celtas no son ni mucho menos evanescentes. Supliremos la
falta de una llave maestra o de un prisma con la doble refracción del carbunclo
aplicando con prudencia a las arborescentes Lingüística y Mitología comparadas
una idea de HAWKES57 a la que denominaremos
“multipolar celticidad acumulativa mutua”. Igual que para medir lo grande se le
restituyó al Hubble su inmensa potencia mediante una sencilla lente correctora,
así también, tomando sobre una común base indoeuropea el multifocal concepto de
acumulación, de inmovilismo y de convergencia
transformaremos a ambas disciplinas, la Lingüística y la Arqueología, en
un poderoso instrumento interpretativo. ¿Lo haremos?
Son (Pena 1995; 1999) probablemente latino provinciales e
incluso sin duda provincianas, pese a
lo que algún lingüista dice pensar a este respecto, las tres grandes
inscripciones de Lamas de Moledo, de Cabeço das Fraguas y de Arroyo de la Luz58 - las dos primeras localizadas
en Portugal -, escritas al parecer, según se viene repitiendo, en Lusitano,
“nueva” lengua indoeuropea e incluso céltica59 para quienes más fino hilan en
la discusión sobre su filiación60. La historia
de esta hipotética lengua comenzó61 cuando en
Lamas de Moledo, a fines del siglo II d. C. - según creemos, pese a lo que
hasta hoy suele decirse, ha de aceptarse esta fecha a partir de ahora dados los
datos aportados por nosotros en el presente estudio -, Rufino y Tirón scripserunt o registraron
epigráficamente en vulgar latín cómo unos piadosos lamáticos bajo imperiales,
tras haber ofrendado en el altar (outeiro) de A Maga un añal, habían asimismo
dado al latino lusitano Júpiter Caeilobrigo un craso o redañoso porcom (PENA 1994).
Precisamente por los redaños de ese puerco, SCHMIDT62 había concluido que, incluyendo en la res celtica al Lusitano, entonces
considerado por todos como lengua prerromana63,
UNTERMANN se había equivocado64
“en su intentona de probar (cf. UNTERMANN 1897: 69) el carácter céltico arcaico
de la indoeuropea *P en posición
inicial, porque la palabra porcom
‘cerdo’ en la inscripción lusitana de Cabeço das Fraguas no estaba atestiguada
en un definido contexto céltico”, al tiempo que, sostenía SCHMIDT por otra
parte que los nombres celtas de las inscripciones lusitanas, principalmente
topónimos, etnónimos y teónimos, “no eran prueba suficiente para establecer una
relación genética, porque podían ser resultado de contactos entre lenguajes”
(SCHMIDT 1985: 325).
Por su parte
Jurgen UNTERMANN, defendiéndose o quejándose innecesaria y amargamente, expuso
su famosa “herética convicción” (1992: 372) de que:
“[…] nombres con
una letra P inicial o intervocálica
acusen una capa lingüística pre celta cuando aún no hay la mínima evidencia en
contra de la hipótesis de que la desaparición de la P en las posiciones mencionadas tuviera lugar dentro de la historia
propia de las lenguas celtas; es decir, que haya que contar con dialectos
celtas marginales a los que llegó tarde o nunca este cambio fonético”65.
Recordemos respecto a lo precedente lo que, señalando la
carencia en el alfabeto llamado ibérico de un grafema para transcribir la p, expone Eulogio LOSADA BADÍA:
“Sabido es que el céltico posee una característica que lo
distingue particularmente de las demás lenguas indoeuropeas, y es que la *p indoeuropea se pierde en situación
inicial e intervocálica, y en los grupos consonánticos interiores se modifica,
con lo que las lenguas célticas carecen de dicha p. Así, en antiguo irlandés arcaico, la palabra correspondiente al
latín pater, procedente de una forma
indoeuropea común, es athir, con
pérdida de p inicial. Cierto es que
las lenguas célticas clásicamente llamadas britónicas o del grupo celta de p, como lo son el galo, el lepóntico y
el bretón, transforman en p tanto el
sonido *k del grupo indoeuropeo *kw (véase *ekw-os > galo epo-na)
como el elemento *k de la labiovelar
indoeuropea *kw (véase la forma enclítica *kwe > lepóntico -pe, con lo que estas lenguas célticas,
aun perdiendo la antigua *p
indoeuropea, poseerán con todo dicha oclusiva sorda por innovación; pero las lenguas
célticas tradicionalmente llamadas del grupo celta de q, como lo son el irlandés y el celtibérico, conservan tal cual la
labiovelar *kw, o la transforman, por pérdida del componente labial, en k, con lo cual dichas lenguas célticas
carecerán en absoluto del sonido p.”66

Numerosos peninsulares, exceptuando a los habitantes de
las factorías griegas y púnicas sudorientales u orientales, utilizaron un
alfabeto propio, nacido probablemente como a continuación veremos en el área
sudoccidental, sin duda indoeuropea y verosímilmente celta; se trata de una
escritura lineal con elevado alcance, pues la llegaron a adoptar en la
Península incluso pueblos que, aunque al parecer absolutamente indoeuropeizados
e incluso celtizados, hablaban lenguas según hoy por hoy se cree no
indoeuropeas - sobre todo por el Mediterráneo oriental -, llegando a utilizarse
esta escritura llamada ibérica hasta por gran parte del actual sudeste francés.
Cierto que en el Noroeste hispano no aparecieron hasta ahora inscripciones con dicha
escritura, pero sí se han hallado en esa zona insculturas con signos que bien
pudieran reflejar una variante ibérica.
En todo caso, dentro de otro orden, añadiremos que
abundan por el Noroeste peninsular los topónimos indoeuropeos, particularmente
célticos, así como han aparecido registrados sobre piedra con caracteres
latinos algunos teónimos sin discusión celtas, como en Cabeço das Fraguas, pese
a no ser la lengua de estas inscripciones a nuestro parecer sino un latín
adulterado por los autóctonos celtoparlantes.
Contrapunto de la bulliciosa arqueología Institucional
del Lejano Viejo Oriente, donde el conocimiento que el hombre moderno ha
llegado a adquirir sobre las antiguas civilizaciones representa una de las más
admirables conquistas de la Humanidad - como ya en 1960, reconociendo en la
primera síntesis sobre el tema publicada en España la dependencia factográfica
de la Historia67, lo señaló Antonio
TOVAR68 -, estos pueblos
extremo occidentales portadores en principio de diferentes lenguas aún sin descifrar
y condenados pues sin serlo a permanecer mudos hasta los primeros siglos de
nuestra era, tras la dominación romana, estos silenciosos occidentales pueblos
peninsulares, inadecuadamente llamados prehistóricos
o protohistóricos cuando gran parte de ellos, lejos de ser analfabetos,
dispusieron anteriormente a Roma ya de una escritura lineal, poseían sin duda
normas comunes que, constituyendo la base de posteriores instituciones,
conformarían nuestras ancestrales raíces.
Recordemos rápidamente que los textos autóctonos que la
antigüedad nos ha legado son demasiado breves y hoy por hoy casi todos
enigmáticos aún, con lo cual no nos es dado el conocer a través de ellos -
redactados los más en escritura llamada ibérica, otros a veces en escritura
griega y unos cuantos en escritura púnica - los milenios I y II anteriores a
Cristo sino de un modo extremadamente limitado, contrastando este hecho con lo
que nos ofrece por ejemplo el ‘mundo micénico’ en sus tablillas de Pilos, entre
otras, y ello pese a haber florecido en el extremo sudoccidental peninsular, si
seguimos lo que los textos grecorromanos nos revelan, una brillante
civilización. Así en efecto, refiriéndose en especial a la Bética, ESTRABÓN
señala directa o indirectamente la
existencia por aquella zona de textos jurídicos y literarios diciendo:
“[Sobre] los Turdetanos o Túrdulos [...] algunos piensan
que son los mismos, pero [...] según otros se trata de dos pueblos diferentes. POLIBIO
se encuentra entre estos últimos, pues afirma que los Turdetanos tenían como
vecinos por el Norte a los Túrdulos; [pero] en la actualidad no se aprecia
ninguna diferencia entre ambos pueblos. Tienen fama de ser los más cultos de
los Iberos69, poseen una gramática
y tienen escritos de mucha antigüedad, así como poemas y leyes en verso que
ellos dicen que tienen 6000 años.”70

La Hispania prerromana, contra lo que sostiene Javier DE
HOZ, se expresó mayoritariamente, según lo demostró el comparatista y
sanskritólogo de la Sorbona Eulogio
LOSADA BADÍA, utilizando para sus documentos una
escritura autóctona, quiere decirse
elaborada, cuando menos como sistema, in
situ, pudiendo sí proceder algunos de los signos hispanos, según confirma
LOSADA BADÍA apoyándose sobre todo en GÓMEZ MORENO, del mundo minoico, mas
nunca, pese a lo que pretenden Javier DE HOZ
y algún otro, de caracteres fenicios. Pero cedamos ampliamente la
palabra al profesor LOSADA BADÍA: “La comúnmente llamada escritura ibérica,
consistente en una curiosa combinación de signos alfabéticos y de signos
silábicos [...] con ligeras particularidades formales según las zonas
geográficas, constituye fonéticamente un conjunto unitario utilizado por
algunos pueblos hispanos prerromanos para transcribir sus lenguas.”71
“[La] primera escritura ibérica, [la] sudoccidental, a la
que su descifrador Manuel GÔMEZ-MORENO llama tartesia72 en su obra Misceláneas, fue luego al parecer extendiéndose, con ligeras
variantes fundamentalmente formales, por el sudeste peninsular, se desplazó más
tarde hacia el norte y fue adoptada finalmente, se piensa, por los Celtíberos
allí instalados. En cualquier caso, como lo indica GÓMEZ-MORENO, ‘es notorio
que nos hallamos ante [...] fases consecutivas de una misma escritura, hecho
comprobable por el cotejo de los respectivos signarios. [...] Que la unidad
fonética entre las diversas escrituras ibéricas es prácticamente total puede
observarse comparando dos de las principales variantes [...] reproducidas [...]
en el gráfico nº 1, que, en Misceláneas
(p. 275) y en La Escritura
Bástulo-Turdetana (p. 892) nos da GÓMEZ-MORENO: la variante del nordeste
peninsular utilizada por los Celtíberos, a la que dicho autor llama ‘tipo
ibérico’ (columna A) y que es fundamentalmente idéntica a la levantina (llamada
a veces meridional) utilizada en la zona del sudeste hispánico, y la variante
del sudoeste peninsular, designada por [...] [GÓMEZ-MORENO] en un primer tiempo
con el nombre de ‘tipo tartesio’ (columna B) y más tarde, englobando un espacio
territorial mayor, con el de ‘tipo bástulo-turdetano’ (columna C). En efecto
[...] podemos afirmar que los fonemas y los grupos de fonemas representados por
los diversos tipos de escritura ibérica coinciden entre sí.”73
Añadiremos aquí por último la opinión de LOSADA BADÍA
sobre los orígenes de las escrituras llamadas ibéricas:
“Sobre la génesis
misma de la escritura ibérica o hispánica no existen sino meras conjeturas más
o menos divergentes. Así, mientras que GÓMEZ-MORENO indica que ‘reviste
caracteres de probabilidad máxima [...] admitir que los alfabetos ibéricos
nacieron en Andalucía, como fruto de la civilización tartesia, en fecha remota
pero imprecisable hoy’, y que ‘su tipo gráfico los pone cerca de lo cretense y
chipriota y antes que lo fenicio’
[...], ciertos especialistas, buscando parentescos semíticos según es moda en
este género de asuntos, asignan sistemáticamente a las escrituras ibéricas unos
orígenes fenicios que, dadas las respectivas estructuras, son poco menos que
imposibles. [...] Difícilmente comprendería uno el que un signario como el
fenicio, cuyos grafemas marcaban todos ellos aisladamente las consonantes sin
ninguna indicación de vocalismo74,
pasase a un estadio de notación silábica [...]. Verdad es que para soslayar
dificultades, no faltan los que intentan probar, frente a la clara vieja
doctrina consagrada, que los signos fenicios no eran alfabéticos sino
silábicos, asignándoles con este fin a dichos signos un virtual apoyo vocal
polivalente, por ejemplo t(a/e/i/o/u),
que se realizaría con tal o cual vocal en la elocucion (ta, te, ti, to,
tu). Pero cedamos la palabra al
especialista en signarios ibéricos Javier DE HOZ: ‘Existe una polémica sobre si
debemos considerar [...] [la escritura fenicia como] un silabario o [como] un
alfabeto propiamente dicho, aunque deficitario de signos vocálicos. Desde el
punto de vista de la teoría fonológica [sigue diciendo Javier DE HOZ] es poco
discutible que verosímilmente se trataba en origen de un silabario que no
precisaba el timbre de las vocales [...], es decir en el que beth representaba una sílaba formada por
/b/ seguida de una vocal cualquiera, incluida la vocal cero’75. Sin desenmarañar ahora a fondo la clave de
este enredo [puntualiza LOSADA BADÍA], recordaremos que para el común de los mortales
las marcas de un signario fonético no son a un tiempo alfabéticas y silábicas,
sino que o bien transcriben un sonido aislado, ya sea éste vocálico (a, e,
o, etc.) ya consonántico (p, r,
t, etc.), o bien transcriben una sola
sílaba (be, da, si, a, e,
u, etc.).” […] “En cualquier caso, si
bien parecen concordar en parte con grafemas fenicios ocho de los signos
ibéricos alfabéticos orientales (a, e, i,
l, r, m, n, s)
y once de los signos ibéricos sudoccidentales (a, e, i, o,
u, l, r, m, n,
s, s), se ha de observar que de los quince signos silábicos con
los que las diversas escrituras ibéricas marcan las oclusivas sólo se acercan
formalmente a grafemas fenicios cuatro de ellos (bi, ta/da, tu/du, ke/ge), dado lo cual
resulta razonable buscar orígenes extrafenicios, por lo menos, tanto para los
once signos silábicos restantes (ba, be, bo,
bu, te/de, ti/di, to/do, ka/ga, ki/gi, ko/go, ku/gu) como para los signos alfabéticos que no ofrecen rasgos
comunes con los signos semitas (o, u, en las escrituras ibéricas del
Sudeste y del Nordeste, r en
todas las escrituras ibéricas)”76,
arguye LOSADA BADÍA apoyando este aserto con una cita de GÓMEZ-MORENO.
‘Ya en 1943 [-
dice GÓMEZ-MORENO -], ateniéndome con preferencia a la escritura nuestra más vetusta
[es decir la del Sudoeste], resulta que su totalidad de signos puede
rastrearse, y tal vez con variantes felices, en lo [...] lineal de Egipto,
Creta y Chipre, aunque no con tal fijeza y correspondencia numérica de signos,
que permitan reconocer lo nuestro como trasunto exacto de ninguna escritura
oriental, y ello desde el punto de vista gráfico tan sólo, puesto que del
fonético nada sabemos. En relación con lo fenicio hallamos, que de los treinta
signos ibéricos disiente una mitad en su alfabeto [...]; al contrario, ocho
fenicios carecen de correspondencia fonética tartesia, o bien presentan gran
diversidad de formas”.77
El Profesor LOSADA BADÍA destaca asimismo un hecho de
gran importancia para el desarrollo de nuestra tesis, y es el de la parcial concordancia
entre la escritura ibérica turdetana y la griega:
“De todos
modos, no sólo surgen coincidencias entre la escritura ibérica y la fenicia,
sino que existe un número semejante de concordancias entre la escritura ibérica
y la griega, atestiguada ya esta última cuando menos hacia los años 900 u 850
antes de nuestra era. En efecto, si examinando los signos paleohispanos vamos
colacionándolos uno a uno con los correspondientes signos griegos y fenicios,
comprobaremos que estos signos griegos y fenicios se ajustan fónica y
formalmente, salvo en contados casos, a los signos paleohispanos. Así, tomando
como referencia los gráficos que nos ofrece GÓMEZ-MORENO en La Escritura Bástulo-Turdetana77, reproducidos por nosotros en
los recuadros 2 y 3, se observa que los signos ibéricos del Sudoeste a, e,
i, o, u, l, r,
s, s, n, bi, ta/da,
te/de, tu/du, ca/ga, cu/gu y los signos ibéricos del Este a, e,
i, l, r, s, m,
n, bi, ta/da, te/de, tu/du coinciden tanto con los signos fenicios como con los
griegos.”
“Sea en fin lo que fuere [concluye LOSADA BADÍA], el
hecho de que entre los signos ibéricos coincidan once con grafemas fenicios no
implica que los primeros vengan por fuerza de los últimos, pues las eventuales
semejanzas entre caracteres pertenecientes a sistemas distintos pueden deberse,
sencillamente, no al hecho de proceder unos de otros sino al de remontarse
todos ellos a una fuente común. Esto resulta tanto más verosímil cuanto que,
prácticamente, los signos ibéricos pudieran tener su base gráfica y fónica en
signos anteriores a los fenicios, no ascendiendo en principio estos últimos por
su parte, de todos modos, más allá del siglo X antes de nuestra era [...].
Observaremos, como lo muestra el recuadro nº 4 dado por GÓMEZ-MORENO en la
página 275 de su obra Misceláneas
(reproducido en 1954 por Julio CARO BAROJA78
y en 1991 por Francisco VILLAR79”
Señalemos por último, tras esta larga exposición sobre la llamada escritura
ibérica, que según LOSADA BADÍA la primera lengua transcrita con dicho signario
puede fácilmente haber sido, dadas las características fónicas que éste revela,
una lengua céltica. Acaso se hablasen en efecto lenguas célticas por gran parte
de la fachada atlántica, como tenderían a mostrarlo las isoglosas de
determinados topónimos, hidrónimos, teónimos y antropónimos.
3.3. LUSITANO? SERMO LATINO VULGARÍSIMO
Igual que en los oídos de los senadores romanos sonaba a
galimatías el latín hablado por los clarissimi
viri andaluces, así también el sermo
latino provinciano (PENA 1995) hablado en la Lusitania o en la Gallaecia hacia fines del siglo II d.C.,
el pretendido lusitano, resultaría por lo menos tan ininteligible entonces para
el Romano de la Urbs como lo sigue
resultando aún hoy para el ducho lingüista. Infiltrado de topónimos,
hidrónimos, teónimos y antropónimos prerromanos, entreverado con voces
indoeuropeas y hasta celtas - del mismo modo que el moderno gallego conserva
palabras prerromanas, digamos “patrimoniales”, celtas o en todo caso indoeuropeas,
como burga (“fuente [de agua
caliente]”) frente al latín fons,
como aramio (“tierra laborable”) e
incluso leira (probablemente del
indoeuropeo *plaria), camba (“arado”) frente al latín aratrum, tona (“nata”, “corteza”) frente al latín cortex, boroa, borona o brona frente al latín pan
- por citar varios ejemplos (1983: 274-275) dados por Antonio TOVAR81 durante una memorable
intervención en Santiago de Compostela -, el latín provinciano les serviría
sólo apenas a los letrados galaicorromanos habitantes de la fachada atlántica
iberopeninsular durante el Bajo Imperio para andar por casa y para hacerse
entender, eso sí, por sus coterráneos lusogalaicos. Costará acaso siglos, si es
que se logra, romper el hechizo de la prerromana lengua, celta o no celta, llamada
Lusitano. En este pleito, ni aun declarando a su favor ante notario las
presuntas víctimas (acnom / agnus, porcom / porcus),
conjuntamente con los testigos redactores (Rufinus
et Tiro), ni aun clamando al cielo (Iuppiter)
esquivarían los lamáticos provinciales el erudito escrutinio agudamente
riguroso de VILLAR.
“Las inscripciones, incluso aquéllas en que vemos figurar
nombres indígenas, se ajustan [en realidad] a las normas usuales [latinas]; las
más de las veces son además fruto de las inquietudes o de la actividad de los
Romanos inmigrantes que venían a Gallaecia
como administradores o como miembros de las fuerzas armadas de Roma”, sostiene
DÍAZ Y DÍAZ, no sin añadir a renglón seguido valiosas observaciones sobre el
tiempo de las inscripciones de Lamas de Moledo y de Cabeço das Fraguas, así
como sobre la expansión y las características del latín provinciano de
entonces. En la sociedad galaico romana [dice DÍAZ Y DÍAZ], sólo a partir del
siglo II d.C. se observan rasgos que apuntan a una imitación provincial, quizás
debido a artesanos locales, de las formas y fórmulas usuales. Pero en este
aspecto, frente a lo que ocurre en otras regiones, incluso muy cercanas, es de
destacar que no poseemos ninguna inscripción, según creo yo saber, [añade DÍAZ
Y DÍAZ,] que no sea romana en la lengua y en los sistemas gráficos y cultuales,
aunque abunden algunos con elementos onomásticos indígenas; pero en estos
casos, vuelvo a insistir sobre ello, [recalca DÍAZ Y DÍAZ,] la formulación es
claramente romana82.
La disciplina epigráfica no debería sin más aceptar
propuestas cuando éstas, olvidando o ignorando el ubi y el quando, juegan
adrede o no con un tardío latín provinciano, postulando sobre la lengua y la
cultura correspondientes a las inscripciones peninsulares íntimas convicciones
paracientíficas como le ocurre por ejemplo al Profesor VILLAR el cual, hablando
del llamado idioma lusitano - como otros por supuesto lo han hecho83 - al referirse a la
inscripción de Arroyo de la Luz, datándola por cierto en un momento excesivamente
temprano y yéndosele la mano en varios siglos, pretende por su parte, en su
afán por amoldar la realidad al deseo, darle a pala en Trebopala como
viejo sentido etimológico el de “lago” o “laguna”, convirtiendo así a Trebopala en mera “charca del pueblo”84 a la cual, según VILLAR, irían
a abrevar las vacas lusitanas. Dos problemas no obstante surgen cuando menos
por lo que a la lógica y a la lingüística atañe: nos preguntamos en efecto por
un lado, dada la ubicación geográfica de la charca en cuestión - hablamos del
emplazamiento de la litigiosa inscripción -, cómo sin previa preparación al
alpinismo se las arreglarían las sedientas vacas para trepar por la empinada
rampa del outeiro, altar de piedra o pala hasta la fuente; por otro lado, pensamos
se sentirá quizá incómodo VILLAR ora cuando se encuentra con ríos bautizados Palanta, acusados por él siguiendo su
lógica de ríos acuosos85 o con menos
lógica todavía de ríos encharcados, a los que discurriendo éstos a través de un
pedregal quizá les convendría más adecuadamente el apelativo “pedregosos” (pala = “piedra”, de donde a veces
“protección”)86, ora, pese a
lo que sobre este nombre argumenta dicho autor, cuando innovando contra viento
y mareas por personales necesidades comparativas, le asigna al sánskrito Viçpâla-, pese a significar esta palabra
según constante doctrina entre los sanskritistas “Protectora (pâla-) del Pueblo (viç-)”, el mismo calificativo que aplica él a Trebopala, es decir el de “charca del pueblo”; en buena lógica,
añadamos aquí, habría que encasquetarle entonces asimismo al sánskrito Lokapala- (cuyo sentido hasta llegar
VILLAR era para todo buen sanskritista “Protector [pala-] del Mundo o del Universo [loka-]”) idéntico razonamiento, si así puede decirse, viéndose pues
VILLAR casi obligado a considerar a dicho término como “charca universal”87.
Por lo que a la datación de las inscripciones epigráficas
respecta, las cosas, como en todo, han de hacerse con método. Partiendo
fundamentalmente de las formas que ofrecen las letras de los numerosos
miliarios romanos presentes en el Noroeste peninsular, Luis MONTEAGUDO GARCÍA
estableció un catálogo diacrónico con tipos básicos que permite datar, entre
otras, las inscripciones latinas (PENA 1995) llamadas “lusitanas”,
asignándoseles a estas últimas como fechas, siguiendo dicha pauta, la segunda
mitad del siglo II d. J. C. Los epígrafes en efecto, expresándose con un
alfabeto latino nunca anterior claro está a la conquista romana, van desde ahí
con el paso del tiempo variando, generándose en su evolución - según el nivel
cultural de quien se expresa, según el taller, según el lugar, etc.-, diversos
tipos de letras, minúsculas cursivas, mayúsculas, mostrando variaciones claramente
datables si se siguen los conocimientos paleográficos y epigráficos que a todo
serio investigador en la materia debe interesarle poseer.
Si el lusitano, la postulada nueva lengua indoeuropea,
resulta ser pésimo latín vulgar, ¿qué lengua se hablaba entonces en el Oeste
peninsular al producirse la conquista romana? Pues ni más por celtas, presentes
no sólo en la epigrafía y en la diplomática gallegas, sino todo a lo largo y
ancho del país hispano, lengua que de ser auténticos los fenómenos ilustrados por
Robert OMNÈS seguiría actuando todavía hoy como lengua celta residual, como
misteriosa fuerza ctónica de biogenética lingüística, en el gallego y en el
castellano
Por nuestra parte, excluyendo nuestra tesis comparatista
como así es modelos invasionistas demasiado tajantes, consideramos que los
Celtas, según queda ya dicho, responden prioritariamente a una realidad
institucional (PENA 1991, 1992) (PENA1994: 33-89), realidad presente en Galicia
que, como también se ha especificado más arriba, llegará en gran parte intacta
hasta la Edad Media, motivo por el cual nos detendremos con pormenor en ese
período aunque, como es natural, antes de entrar en materia deberemos
considerar algunas cuestiones sobre el concepto “Celta” y sobre el estado de
los estudios célticos.
Nadie puede hoy decir, pues todo el mundo sabe que nunca hubo un pueblo románico, clasicista
o barroco, que “los Románicos eran altos y rubios y los Góticos bajos y
morenos, o viceversa, se casaron y tuvieron renacentitos, ya que el Románico,
el Gótico, el Renacimiento, el Clasicismo o el Barroco responden a conceptos
culturales; en cambio muchos en España escuchan a menudo impertérritos que “los
Celtas eran altos y rubios” así como en Gales o en Irlanda se oye que “los Celtas
tenían la tez clara y el pelo obscuro”. Hace cincuenta años nos enseñaban que
siendo los Celtas altos y rubios y los Íberos bajos y morenos, dieron al
casarse entre ellos los Celtíberos. Variando un ápice el programa, los
enterados creen saber, trabajando sobre esa base aún hoy, que la raza Céltica, deus ex machina, llegada a la Celtiberia
emigró a Andalucía, hasta que subiendo luego por la Lusitania y la Extremadura
repobló Galicia, llenándola de teónimos y de topónimos. ¿Pero hay quien sepa y
defienda que lo Celta, lo Céltico, es ante todo, sin excluir en lo celta la
existencia de diversas etnias europeas, un concepto cultural? Evidentemente no.
Definirlos rasgos de este concepto cultural Celta y
Céltico, analizar las claves evolutivas convergentes sobre un antiguo fondo
indoeuropeo común, en el proceso formativo de Celticidad, constituye la base de la “culmulative
celticity” que pretendemos establecer y demostrar, aunque ya en el siglo XVI
Georges BUCHANAN, conocedor de las lenguas celtas, de Britani, de Hiberni, y
aun de las fuentes antiguas de la Galia continental88 y de la Península Ibérica, la formuló y
describió por primera vez de admirable modo, con claridad y con penetrantes
observaciones, en su Rerum Scoticarum
Historia publicado en 1582:
“Cuando […] me pongo a meditar sobre tanta concordancia
en el habla, que aún sirve para señalar, y no obscuramente, una antigua
parentela y un origen similar, fácilmente me inclino a creer que antes de la
llegada de los Sajones las lenguas de los Britones no habrían diferido mucho
entre sí. Los pueblos próximos a la costa Gallica, de cuyas riberas habría
buena parte de los vecinos Britanos transmigrado (como nos informa César),
usaban el belga. Pero los irlandeses, y las colonias enviadas por ellos,
oriundos de los habitantes celtas de España, como es bastante probable, usaban
el Céltico. Cuando esas gentes, sin embargo, habiendo retornado, como de una
larga peregrinación ocupando las vecinas sedes,
se hubieron mezclado casi en uno, ellos formaron por confusión de sus
idiomáticas frases un heterogéneo dialecto, ni exactamente igual en todo al
lenguaje de los Celtas o al de los Belgas, ni disímil en absoluto de ninguna de
ellas, lo cual se puede considerar característrico de esas naciones, de las que
empero, aun opinándose que hablan Germano, consta que difieren mucho de la
vieja lengua.”89
El proceso de Cummulative
Celticity actúa en el trend de
larga duración similarmente a como hasta la total decoloración, lenta y
capilarmente, se va extendiendo la tinta por las tizas que entran en contacto
con el tintero. El conservacionismo surge al constatar que en las áreas
marginales del Occidente europeo y de las Islas Británicas se aprecia
claramente hoy una continuidad o inmovilismo sin solución, desde el Neolítico
al Hierro, como dice HAWKES90
“never grand displacements, effacing old inhabitants, but always bringing an
access of new upper-class maters” (1973: 622), lo cual no impide contactos
comerciales entre el Mundo Atlántico y entre el Atlántico y el Mediterráneo91,
en lo que se llama wordl economic systhems. J. Mª. LUZÓN NOGUÉ, estudió este
comercio (en unos papeles sobre LOS HIPPOI
GADITANOS) Un temprano comercio, como lo muestra en Galicia el petroglifo
descubierto hace poco en Pedornes (Oia, Pontevedra) representando una nave
hecha con haces en papiro del Mediterráneo Oriental (ALONSO ROMERO 1993),
atestigua el contacto con probables prospectores de metales, sin duda buscando
sobre todo el oro.
El tráfico y la lenta absorción de palabras y cosas entre
los habitantes de las costas atlánticas, desde tiempos remontables a los
orígenes de la navegación, permitieron alcanzar en los países ribereños del
Océano una koiné institucional
probablemente muy temprano, acaso en el Neolítico Atlántico reconocible en sus
rasgos comunes pese a las diferencias regionales patentes ya plenamente en la
Edad del Bronce de Europa, extendiéndose esta koiné ahora a todos los rasgos
organizativos y a las instituciones esenciales.
De
algún modo, aun interaccionando fuertemente con el Mediterráneo, el Atlántico
no se limitaría a mantener esta koiné durante la Edad del Hierro mostrando
rasgos arcaizantes frecuentemente reseñados por los historiadores y por los
estudiosos de la literatura celtoinsular, sino que buena parte de la esencia
institucional, como fosilizada, se conservaría casi intacta en Galicia hasta el
final del Antiguo Régimen, llegando a nuestros días muchísimas costumbres y
creencias populares.
Si el lusitano, la postulada nueva lengua indoeuropea,
resulta ser pésimo latín vulgar, ¿qué lengua se hablaba entonces en el Oeste
peninsular al producirse la conquista romana? Pues ni más ni menos que la
lengua a la que corresponden numerosos topónimos y teónimos unánimamente
tenidos por celtas, presentes no sólo en la epigrafía y en la diplomática
gallegas, sino todo a lo largo y ancho del país hispano, lengua que de ser
auténticos los fenómenos ilustrados por Robert OMNÈS seguiría actuando todavía
hoy como lengua celta residual, como misteriosa fuerza ctónica de biogenética
lingüística, en el gallego y en el castellano.
* * *
38 Hugo SCHUHARDT in Theo VENNEMANN and Terence H.
WILBUR, Schurchard, the Neogranmarians, and the Transformational Theory of
Phonological Change, Linguistische Forschungen, 27 (Frankfurt a. M., 1972).
39 Lo último es la propuesta –o variación
sobre un tema indoeuropeo fundacional tipo
de Untermann (Conferencia en la USC, filología, la víspera de ser
nombrado Doctor Honoris Causa), del viaje hasta su llegada a la ribera de la ría de Ferrol de los Turduli “tordos” desde la
Celtiberia, pasando por la Betica, subiendo por la Lusitania.
40 Colin RENFREW : Archaelogy and Language. The Puzzle
of Indoeuropean Origins. Cambridge 1988.
41 John FRAZER: “Linguistic Evidence and Archeaeological
and Ethnogical Facts”, in Proceedings of the British Academy, 12 (1926), 257,
272.
42Aunque añadimos nosotros bien pudiera resultar al revés
el proceso “gentes (consideradas luego) de habla celta viviendo desde tiempos
inmemoriales en el lugar elaboraron en el tráfico tecnológico del World
Economic Systhems cascos y materiales muchos cientos de años antes de que se
pudiera demostrar que en ese lugar se hablaba una lengua realmente celta.
43 F. Max MÜLLER: Mitología
Comparada, ed. española Edicomunicación s. a., 1988, pp. 19-20
44 F. Max MÜLLER: Mitología
Comparada, ed. esp. Edicomunicación s. a., 1988, p. 21.
45 Juan José MORALEJO ÁLVAREZ: “Lenguas Paleohispánicas”,
in Os Celtas da Europa Atlántica - Actas do 1º Congreso Galego sobre a Cultura
Celta, Ferrol, agosto, 1997, p. 32.
46 Robert OMNÉS «Le substrat celtique
en galicien et en castillan» 1999: 240 ss.
«Les nombreux anglicismes du
japonais ne modifient pas le classement de cette langue, car elle adapte les
néologismes d`origine étrangère à son propre système, à ses structures
profondes, phonologiques ou morpho-syntaxiques. Pour reprendre une image chère
a Unamuno, notre corps assimile la norriture que nous prenons et en fait notre
propre chair; bonheur parfois qu`ils acquièrent une véritable
<<légitimité>>. Deux langues appartenant à deux familles distinctes
peuvent présenter des traits communs, qui ne seront pas partagés par les autres
membres de ces deux familles. Il y a des <<inter-groupes>> . Ainsi,
l`emploi du gérontif dans la forme <<progresive>> (que l`on
pourrait appeles plus justement <<durative>>) est un trait commun
de l`espagnol et de l`anglais. L`apparition de ces phénomènes traslinguistiques
révèle bien souvent la présence d´un substrat identique. Notre étude ne portera
donc pas seulement sur le lexique, qui n`est qu`un aspect de cette vaste
question, mais encore sur la sémantique, la phonétique, la
morpho-syntaxe[…]Notons que lorsque nous faisons des rapprochements entre le
galicien et (ou) le castillan d`une part, les langues celtique de l`autre, nous
choissons surtout des exemples gallois et bretons. Cela tient à notre conaissanse
insuffisante des langues gaëliques. Nous souhaitons
vivement qu`un espécialiste de ces langues vienne nous apporter sa
collaboration: celle-ci permettrait de faire une abondante moisson de remarques
intéressantes et –peut-etre- de découvertes ».
47 Así gall. ‘erguer una casa’/ bret. <<sevel eun
ti>>; gall. ‘son dela estas vacas’/ bret. << hi he-deus saout>>.
48 “lorsque des populations colonisées ont été amenées –de gré ou de force- à
tenter d`imiter la langue des colonisateurs, elles ont transformé profondément
celle-ci en conservant l`accent de leur langue d`origine, fondé sur des
contrastes de hauteur musicale et sourtout d´intensité. C`est la forte tension
de l`accent celtique qui a provoqué, par une réaction compensatoire,
l`affaiblissement des consonnes intervocaliques, avant et sourtout après la
voyelle accentuée” (1999: 252). Este
debilitamiento se traduciria en:
1º- la sonorización, ej.: lat. lupu (m) > cast. y
gall. “lobo”; lat. totum (m) > cast. y
gall. “todo”; lat. lacu (m) > cast.
“lago”, gall. “lagoa” (aprés une phase “laguna”?); la reducción de la
geminadas, ej. lat. mittere > cast. y gall. “meter” y la simplificación de
los grupos consonánticos internos, p.e. lat. sanctu(m) > cast. y gall.
“santo”.
2º- la glidisación del sonido /k/ implosivo que,
siguiendo la misma evolución que el irlandés, se convertiría en una yod ante
una /t/ explosiva, e. lat. nocte(m)
> gall. “noite” [nójte] y lat. octo gall. “oito” […] le castillan a
poursuivi l`evolution (cf. “noche” et “ocho”) mais le gall. en es resté a la
phase “celtique” (1999: 252).
3º- los diptongos “l`abondance de la diphtongaison est un
phénoméne typique d`un grand Nord-Ouest Iberique ( Castille, Asturies et Léon,
Galice)” este fenómeno se explicaría dice R. Omnès por la forte tension de
l`accent señalando que en las lenguas celtas encontramos gran cantidad de
diptongos tanto ascendentes (/wa/, /we/, /ja/, /je/) como descendentes (/ej/,
/oj/, /aw/…) señalando que mientras en castellano los diptongos ascendentes
ocupan un 92 % de los casos “ce qui s`explique par l`influence du principe
d`ascendance, par contre, en galicien, les diphtongues descendantes sont de
loin les plus nombreuses, ce qui s`explique par le modèle syllabique celtique”
(1999: 253)
4º el comportamiento de /w/ inicial
5º la evolución de los grupos /pl-/, /fl-/, /kl-/
iniciales
6º metáfonías “Rafael Lapesa
souligne dans son Historia de la Lengua Española l`importance de la métaphonie
dans le Nord-Ouest ibérique, de la Castille au Portugal. Ce phénomène, que l`on
retrouve parfois en français, est, selon lui, d`origine celtique. <<Il
faudrait, dit-il, (p. 44) préciser les conditions dans lesquelles se produit
cette inflexion dans les langues celtiques et dans les différents parlers
romans>>. Y tras señalar
R. Omnès entre otros paradigmas: lat. tenebat > cast. “tenía”, gall. “tiña”; cast. “molino”, “molinero”, gall. “muiño”,
“muiñeiro” añade a continuación “dans les langues brittoniques, la métaphonie
joue un grand rôle, notamment dans les pluriels en –i. Le –i final ferme
souvent la voyelle précédente. Ainsi, <<mestr>> (maître) a comme
pluriel <<mistri>> en bret.; de même: bret. <<karr>>
(voiture) pl. <<kirri>>, <<bran>> (corbeau), pl.
<< brini>>…
7º Modelos silábicos CVC
(consonante/vocal/consonante): “voici quelques exemples bret. :
<<den>>, <<tud>>, <<mor>>, <<
tad>>…homme, gens, mer, père)./Ce n`est pas par hasard que l`on trouve en
galicien de nombreux mots de structure CVC, comme s`il y avait dans ce domaine
une lutte entre deux tendances, l`une due au substrat celtique, l`autre à un
phénomène roman péninsulaire./Dans un poème de Rosalía de Castro de 48 vers, on
ne trouve pas moins de 28 fois des mots de structure CVC!/Ces formes
s`expliquent parfois par une usure de la voyelle finale, sourtout dans le cas
d`un /e/ (voyelle diffuse, moins résistante qu`un /o/ en position atone
finale). C`es le cas, comme en cast. pour <<pan>>,
<<mar>>, <<sol>>, <<dar>>, <<voz>>…
mais souvent l`usure s`est produite à l`intérieur du mot, tout en préservant la
consonne finale:/ex. <<por>>, <<ter>>,
<<vir>>, <<cor>>, <<dor>> (cf. cast poner,
tener, venir, color, dolor)./Nous savons que certains se contenteront d`expliquer
ce phénomène par la faiblesse trés luso-galicienne de /l/ et de /n/ internes
(cf. “minas generales” > “minas xerais”). Mais il ne s`agit pas de dire
comment cete évolution s`est produite, mais pourquoi elle a eu lieu. A notre
Avis, la cause de ce phénomène, c`est la volonté inconsciente de réaliser le
modèle CVC: lorsqu`une chaîne subit une forte pression, ce sont les maillons
les plus faibles qui cèdent: l`essentiel, c`est que cette pression ait eu lieu
(1999: 255)/ C`est cette même tendance qui explique –en grande partie-
l´abondance des diphtogues descendants en galicien. [nous regrupons sous le nom
de <<glides>> ce que la phonologie traditionnelle appelle
<<semi-voyelles>> et <<semi. Consonnes>>] Pour nous,
les glides /j/ et /w/ sont des consonnes (ces phonèmes ne pouvant être
prononcés sans l`appui d`une voyelle). Ainsi des structures aussi fréquentes
que <<vai>>, <<foi>>, <<pai>>,
<<nai>> ( va, il fut, père,
mère) correspondent au modéle CVC. (1999: 256).
8º la forma de el artículo definido
“Est-ce un hasard si l´article défini galicien ne comporte pas (sauf dans des
enclises) de consonne initiale? C´est un cas singulier parmi les langues
romanes (o, os, a, as)./ Les langues brittoniques ont une structure VC (en
bret. Ar, an, al- en gallois yr). L´article défini gaëlique comporte plusieurs
formes, mai9s ne commence par une consonne (n) qu´au pluriel et au génitif
féminin./ Cette interrogation sur les formes de l´article peut se prolonguer
par d´autres réflexions sur ce sujet, qui concernent cette fois la
morpho-syntaxe. Robert OMNÉS « le substrat celtique en galicien et en
castillan » 1999: 240-56
del viejo centro donde palpita el hálito de nuestra clara
Madre Europa, por un ignoto punto yendo hacia el Este55.
49 Juan José MORALEJO ÁLVAREZ: “Lenguas Paleohispánicas”, in Os Celtas da Europa Atlántica. Actas
do 1º Congreso Galego sobre a Cultura Celta, Ferrol, agosto 1997, p. 39.
50 Nicolas S. TRUBESTKOY, “Gedanken
über das Indogermanenproblem”, in Acta
Linguistica 1, reproducido en Die
Urheimat des Indogermanen, ed. por V . A. SCHERER (Darmstadt 1968), pp. 214-223.
51 J.-P. DEMOULE: “Les Indo-Européens ont-ils existé?”, in L’Histoire, 28 (1980), pp. 109-120.
52 D. ELLIS EVANS 1999: “Linguistic and Celtic
Etnogenesis”, in Celtic Connections,
proceedings of the tenth international Congress of celtic studies. Volume
One. Language, Literature, History, Culture; ed. par Ronald Black, William
Gillies, Roibeard Ó Maolaigh. Tuckwell Press, Scoland, p. 3.
53 Ibid.
54 Heinrich WAGNER (1969) “The Origin of the Celts in
the Light of Linguistic Geography” TPS 1969, p. 227.
55 Véase a este propósito Stuart PIGGOT: Ancient Europe, Edinbourg University Press, Paperback Editions, 1980.
porcom (PENA
1994).
56 Miss HARDFIELD wrote on the subject ‘Rethinking the Problem
of the Spread of Celtic Culture to Great Britain and Ireland: The
Archaeological and Linguistic Perspective” in D. ELLIS EVANS: “Linguistics and
Ethnogenesis in Celtic Connections”, Procedings
in the Tenth International Congress of Celtic Studies, volume one, p. 14.
57 Christopher HAWKES 1973: “Cumulative Celticity in Pre-Roman Britain”, in Actes du quatrième congrès international d’études celtiques (Rennes
- juillet 1971), 623 (= Études Celtiques
13, 607-628).
58 Esta última encontrándose originariamente en un outeiro
o “altar” nos fue transmitida por CONTADOR DE ARGOTE en el siglo XIX antes de
que este outeiro, utilizado luego como cantera, fuera demolido, utilizándose
diversos fragmentos en distintas construcciones, que ahora van siendo encontrados.
59 Fuera del marco institucional al que según nuestra tesis
se debería circunscribir, el termino Celta se aplica de forma exclusiva como
concepto lingüístico, restringido a una serie de lenguas emparentadas a las
que, hablando por ejemplo de un celta arcaico al que pertenecería el goidélico
y el celtibérico, caracterizado entre otras cosas por la conservación de una *Kw (ci Nekue “caballo”) mientras que otro celta más desarrollado
(lepóntico, galo y britónico) transformaría esa *Kw en una P (SCHMIDT
1992, 45-57), tras identificar y
valorar los lingüístas fijan determinadas características.
60 Pero, aunque este ultimo argumento es muy caro hoy a los
arqueólogos de la meseta, no tiene objeto esta discusión: son celtas y
prerromanos los topónimos, etnónimos y teónimos mencionados, no es celta sin embargo, ni lo pueden
ser, un Iuppiter Caeliobrigo, y no
fueron el Rufinus et Tiro qui piacula
ommia scripserunt, ni el porcom ni
la latina y provinciana lengua registrada por el lapicida.
61 Sirva o no en la prerromana Iberia que vierte al
Atlántico el dulce caudal de los ríos el paradigma de las tizas decolorándose
en contacto con el tintero para la equiparación del vocablo Celtibérico boustom con la “bosta” Galaica.
62 Karl HORST SCHMIDT: ZCP 1992, pp. 51-52.
63 Hasta que en 1995 establecimos ya el posible carácter
latino provinciano de algunos de los vocablos de la mencionada inscripción
considerados pertenecientes a una nueva lengua indoeuropea (PENA 1995: 33-78).
64 Para Karl HORST SCHMIDT “UNTERMANN (1987: 69 ss.)
failed in his attempt at providing the archaic Celtic character of IE *p in
anlaut because the word porcom pig in the lusitanian inscription of Cabeço das
Fraguas is not attested in a definite Celtic context […] on the other hand,
Celtic names in Lusitanian inscriptions are not sufficient proof for genetic
relationship, as they can result from language contacts (SHMIDT 1985 325).
65 Jurgen UNTERMANN “Galicia da Romanidade á Xermanización”.
in Actas en Homenaxe a Fermín Bouza Brey.
Santiago 1992, p 372.
66 Eulogio LOSADA BADÍA: “Las Escrituras Celtohispánicas”,
in Les Celtes et la Péninsule Ibérique -
Actes du I Colloque International, p. 219. “Para una clara y breve
exposición en español de este fenómeno, dice LOSADA BADÍA, véase por ejemplo Francisco
VILLAR LIÉBANA: Los Indoeuropeos y los
Orígenes de Europa, pp. 334-349, edit. Gredos, Madrid 1991.” “En general
sobre las lenguas célticas [-añade LOSADA BADÍA -] puede consultarse la obra de
H. LEWIS y H. PEDERSEN que lleva por título Concise
Comparative Celtic Grammar, Göttingen 1937”.
67 Antonio TOVAR 1960: “Historia del Antiguo Oriente”, in Historia General de la Humanidad, bajo
la dirección de Jaime VICENS VIVES. Barcelona, 2ª ed. 1970, p. 5.
68 “El desciframiento de escrituras y lenguas desconocidas
ha alcanzado éxitos [...] insospechados, y, lo que no se podía soñar, contamos
no con vagas y confusas tradiciones, sino con verdaderos documentos históricos,
como anales de la dinastía V de Egipto, textos de los reyes sumerios del siglo
XXIV, contabilidades del siglo XXI, autobiografías de altos dignatarios
egipcios del siglo XXV, leyes y relatos de conquistas de dos mil años antes de
nuestra era. Esta documentación escrita se complementa, finalmente, con los
monumentos que aún se conservan (ruinas de palacios y ciudades, de templos y
fortalezas, sepulturas y toda clase de mobiliario y ajuar construido con
materiales incorruptibles). Gracias a esto, ha sido posible reconstruir la
historia de los milenios III y II a. C., con detalle a veces comparable al de
épocas históricas más próximas.” (Antonio TOVAR 1970: 5).
69 Noción, por lo menos aquí, sobre todo geográfica.
70 ESTRABÓN III, 1,
6. Véase también AVIENO: Ora Maritima,
419-441, capítulo 2 (traducción de Narciso SANTOS YANGUAS, in Textos para la Historia Antigua de la
Península Ibérica, Oviedo 1980, p. 51).
71 Eulogio LOSADA BADÍA: “Las
Escrituras Celtohispánicas, in Les Celtes
et la Péninsule Ibérique - Actes du Colloque International (Brest 6-7-8 novembre 1997) Université de
Bretagne Occidentale, Brest, Triade
nº 5, 1999, p. 201.
72 “Las apelaciones con las que se conocen las variantes
sudoccidentales de la escritura ibérica fluctúan a veces según los autores. Así
para CORREA, ‘el término tartesio
engloba [...] también lo turdetano, en cuanto heredero de lo tartesio, como
asimismo lo paratartesio y lo paraturdetano (Sur de Portugal y Extremadura)’”
(Citado por LOSADA BADÍA en “Las Escrituras Celtohispánicas”, in Les Celtes et la Péninsule Ibérique
publicado en Brest, el artículo de José A. CORREA, intitulado “Consideraciones
sobre las Inscripciones Tartesias”, apareció en Actas del III Coloquio sobre Lenguas y Culturas Paleohispánicas -
Lisboa, noviembre de 1980, pp. 378-379; Ediciones Universidad de Salamanca,
Salamanca 1985).
73 Eulogio LOSADA BADÍA: “Las Escrituras Celtohispánicas?,
in Les Celtes et la Péninsule Ibérique.
Actes du Colloque International célébré à Brest les 6-7-8 novembre 1997.
Université de Bretagne Occidentale, Brest. Triade,
núm. 5, 1999, pp. 201 y 204-206.
74 “El alfabeto fenicio arcaico comprende 22 letras,
únicamente consonantes. [No existe en él] ningún rastro de silabismo. No
utiliza matres lectionis, es decir
ciertas consonantes usadas para indicar, en ciertos casos y de manera
aproximada, la vocalización de la precedente consonante. Se trata pues de un
perfecto tipo de escritura consonántica pura. Pero nada más.” James FÉVRIER: Histoire de l’Écriture, p. 208;
Librairie Payot, Paris 1959 -texto citado por LOSADA BADÍA-.
75 Javier DE HOZ: “El origen de las escrituras paleohispánicas
quince años después”, in La Hispania
Prerromana - Actas del VI Coloquio sobre Lenguas y Culturas Prerromanas de la
Península Ibérica, p. 178; Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca
1996, in LOSADA BADÍA, obra citada, nota 29.
76 Eulogio LOSADA
BADÍA: “Las Escrituras Celtohispánicas”, 1999, pp. 209-210.
77 Manuel GÓMEZ MORENO: “La Escritura Ibérica y su
Lenguaje”, in Misceláneas, p. 265
(citado por LOSADA BADÍA en “Las Escrituras Celtohispánicas”, p. 210, nota 31.
78 “La Escritura Bástulo-Turdetana (Primitiva Hispánica)”,
in Revista de Archivos, Bibliotecas y
Museos, LXIX, 2, 1961, pp. 892-949.
79 Julio CARO BAROJA: “La Escritura en la España
Prerromana”, trabajo publicado en la Historia
de España dirigida por Ramón MENÉNDEZ PIDAL, tomo I, vol. 3, p. 967.
80Francisco VILLAR LIÉBANA: Los Indoeuropeos y los Orígenes de Europa; Editorial Gredos, Madrid
1991, p.
81 Antonio TOVAR
“Etnia y lengua en la Galicia Antigua el problema del Celtismo” in Estudos de Cultura Castrexa e de Historia Antiga
de Galicia. Compostela 1983, p.247-282
82 M. C. DÍAZ Y DÍAZ “Sobre la implantación del Latín en la
sociedad Galaico Romana in Estudos de
Cultura Castrexa e de Historia Antiga de Galicia. Compostela 1983, p. 288
Hai que reseñar que DÍAZ Y DÍAZ destaca también en el aparato crítico
correspondiente este aserto como: “En las distintas colecciones de epígrafes
encontrados en Galicia […] se descubren dos hechos interesantes: 1) la casi
totalidad de las inscripciones pertenecen a nuestra era, siendo poquísimas las
de época augústea y ninguna, a lo que parece anterior; y 2), la correción por
lo que hace a la lengua es total. De notar sería que buena parte de los
epígrafes, sobre todo en los siglos II-III, son obra ya de talleres locales,
bastante bien dotados e instruidos en genera; y que abundan las abreviaturas, y
las distribuciones son más prietas, y a menudo menos calculadas, que en
regiones mas romanizadas. Pero ni uno ni otro de estos dos últimos datos son
muy relevantes, mientras me parece altamente significativa la extensión de
talleres locales, muy diseminados en algunas comarcas, a juzgar por la
comparación epigráfica de los productos”.
83 Cf. PENA 1005, 1995, 1999, 2002.
84 Francisco VILLAR: “Los elementos teonímicos lusitanos
Trebopala y Toudopalangaigae no se relacionan con el pala “piedra, piedra
sepulcral” lepóntico sino con el elemento pal- hidronímico. Trebopala es “la
charca del pueblo” y *Toutopalanta es una expresión sinónima. Se trata de una
divinización femenina de las aguas locales donde abreva el ganado. La
existencia en sánscrito de la figura Vis
85 Francisco VILLAR:
86 Como lo observa el Profesor Luis MONTEAGUDO GARCÍA, en
amable comunicación personal, el río Palanta
podría sencillamente significar “río de las piedras’, es decir poco más o menos
‘Pedregal”.
87 Según nos lo hace observar el sanskritólogo profesor
LOSADA BADÍA.
89 Georges BUCHANAN Rerum
Scoticarum Historia 1582: Cum talem
igitur in loquendo concordiam mecum recogito, quae et veterem cognationem et
non obscuras eiusdem originis notas adhuc seruet, facile adducor, ut ante
Saxonum aduentum omnibus Britannis non multum diuersam fuisse linguam credam:
ac proximas Gallico litori nationes uerisimile est Belgica usos fuisse, ê
quorum finibus bona pars uicinorum Gallicae Britannorum (ut legere est apud
Caesarem) transmigrauerat. At hiberni, et coloniae ab eis missae a Celtis
Hispaniae habitatoribus oriundi, uti credibile est, Celtica utebantur. Hae
gentes cum uelut è longinqua peregrinatione reuersae uicinas occupasent sedes,
ac prope confusis idiotisimis sermonis quandam permixtionem factam reor, ut
neutri linguae uel Celticae, uel Belgicae omnino similem, ita neutri penitus
dissimilem: qualê animaduertere licet in eis nationibus, quae Germanice loqui
putantur, et tamen a uetusto sermon multum desciuisse constat. “Rerum Scoticarum
Historia” .N se refiere, como lo señala
EVANS (1999: 6), al sermo Gallicus.
90 Christopher HAWKES, 1973 “’Cummulative Celticity’ in
pre-Roman Britain” in Actes du quatrième
congrès international d’études celtiques (Rennes juilliet 1971) (=ÉC 13, 1973, 607-628).
91 ¿Estarían los castros del litoral del NW. en contacto
con el mundo mediterráneo en fechas anteriores al siglo VI a.C.? ¿Qué se
esconde debajo de las nebulosas Cassitérides? “Las Kassitérides son diez y
están situadas muy próximas unas de otras hacia el N. del puerto de los
Ártabros, en alta mar. Una de ellas está despoblada, las demás las habitan
hombres vestidos de mantos negros, que llevan túnicas hasta los pies, ceñidas
alrededor del pecho y que caminan con bastones y se parecen a las Furias de la
Tragedia. Viven preferentemente del ganado, llevando una vida nómada. Además
tienen minas de estaño y plomo y pieles que cambian con los comerciantes por
cerámica, sal y objetos de bronce. Antes, únicamente los fenicios realizaban
este comercio desde Gades ocultando a todos la ruta marítima, y cuando los
romanos persiguieron a cierto navegante para conocer aquellos emporios, éste,
voluntariamente encalló su barco en los bajos y arrastró a la misma desgracia a
los que lo seguían, mientras él se salvaba del naufragio y recibía de su
gobierno el precio de la carga perdida. Mas los romanos, intentándolo muchas
veces, llegaron a conocer la ruta. Y cuando Publio Craso, llegando hasta ellos,
conoció que los metales se podían cavar a poca profundidad y que la gente era
pacífica, enseñó con claridad a los interesados la navegación, aunque era más
larga que la navegación hasta la Bretaña. Esto es lo que hay de Iberia y de las
islas próximas. ESTRABÓN. Geografía
III, 5, 11. Traducido por Xosé Manuel POSE MESURA. In Galicia nos textos clásicos. Ed. Caixa Galicia, pág. 44. A Coruña,
1988. POLIBIO dice que los habitantes el Noroeste entregaban estaño, plomo y
pieles a cambio de alfarería, sal y objetos de cobre, a los comerciantes que
llegaban a nuestras costas. Hace mucho más de 2300 años, las costas gallegas
eran visitadas por los púnicos. F. ACUÑA CASTROVIEJO me mostró un aríbalos
púnico. Los aríbalos, son pequeños frascos de vidrio, para ungüentos o
perfumes, con una decoración de franjas horizontales o zigzagueantes
coloreadas. Uno de los productos de lujo bien recibidos por los indígenas;
antecedentes de los modernos perfumes en envases atractivos, probablemente
alcanzaban elevado precio, este frasco encontrado en un castro costero
(Neixón), testimonia la existencia de un comercio con el Mediterráneo. Venían
por el estaño y el oro. Ahora empiezan a aparecer restos de cerámica púnica,
griega y también romana republicana y augustea, similar, esta última, a la que
encontraron D. Luis MONTEAGUDO y A. PENA en el “Cuncheiro de Lóngaras”, en la Punta Caleira (Narón), que estamos
estudiando, y quizá había sido introducida por mercaderes gaditanos según una
ponencia de J. María LUZÓN NOGUÉ, a la sazón director del Museo Arqueológico
Nacional, titulada Los Hippoi
Gaditanos. Pero en lo que se refiere a las tradiciones náuticas en Gades, lo
más importante es el hecho de que la misma ruta que describe AVIENO, como
abierta por los navegantes de Tartessos hacia el Atlántico (negotiandi cura, AVIENO O. M. 100), es la que van a utilizar los
comerciantes gadeiritas, e incluso van a ocultar
con enorme sigilo. La información histórica la conocemos por Estrabón, que
recoge el episodio de una expedición perseguida por los romanos para conocer el
camino hacia los centros comerciales del Atlántico. Los marinos de Gades
prefieren encallar y perder las naves, antes que dejarse seguir y poner a
descubierto una ruta ventajosa (según ESTRABÓN III, 5-11, los fenicios de Cádiz
eran los únicos que explotaban el comercio con las islas Cassitérides y
guardaban muy celosamente el secreto de la ruta que conducía hasta ellas).
Hasta hace poco el episodio mencionado era la única información que podíamos
alegar para confirmar que los gaditanos fueron los herederos de las
navegaciones comerciales por el Atlántico iniciadas desde el Bronce Final.
Recientemente surgió la confirmación arqueológica de este pasaje tan decisivo
para entender la evolución histórica de las relaciones entre el Mediterráneo y
el Atlántico, así como el papel que juega Gades a partir de un determinado
momento. Desde hace algunos años fueron publicados fragmentos de cerámica
griega del siglo IV encontrada en los castros costeros de Galicia. En otros
casos aparecieron cuentas de vidrio y ungüentarios también de pasta vítrea,
típicamente helenísticos. Pero la confirmación de que existió un comercio de
cierta intensidad la tenemos en los numerosos fragmentos de ánforas –la mayoría
en torno a los siglos IV-III a.C.- que fueron apareciendo en los castros
costeros de Portugal y Galicia. Uno de los más recientes hallazgos de este
tipo, y que despertó el interés por la conocida ruta de navegación de los
gaditanos fue el castro de A Forca, en la desembocadura del Miño. Con numerosos
fragmentos de ánforas púnicas de factura incuestionable andaluza (Castro de A
Forca, A Guarda, Pontevedra; campaña de excavaciones de 1984. Arqueología
memorias Xunta de Galicia), su excavador Xulio Carballo, de la Universidad de
Santiago de Compostela, enumera los diversos yacimientos costeros en los que
aparece cerámica similar y que como él dice apareció balizando el litoral
Atlántico hasta Galicia (Xulio CARBALLO enumera con bibliografía, los
yacimientos castrejos del norte de Portugal y Galicia en los que hay
documentada cerámica púnica y se da en la figura 69 un expresivo mapa de
distribución de los hallazgos). El topónimo Cassitérides indica la zona de
producción de estaño y refiere la zona de Occidente que lo produce. El nombre
de este mineral hoy es casiterita. Muchos autores consideran su búsqueda
quimérica. Unos las sitúan en tierra firme, en algún lugar de Europa W.; otros
las consideran islas y andan en su procura por la costa.
EXPOSICIÓN DE UN
GRUPO DE TEXTOS
Ptolomeo las
sitúa con precisión: Las islas Cassitérides, son diez, sitas en el Océano
Occidental, la parte media de las cuales se sitúa a 4 45’ 30’’ (In occidentali Oceano Cassiterides Insulae
decem, quarum pars media sita est 4 45’ 30’’ PTOLOMEO. Geografía II, 6, 73) Lo malo es que no nos ponemos de acuerdo en el
valor del grado ptolomaico. HERODOTO (III, 115) duda que las Cassitérides sean
islas y piensa que el estaño se extrae de la costa: Ni sé que existan (como
islas) las llamadas Cassitérides de las cuales nos viene el estaño. Los
primeros contactos de los romanos con Galicia se hacen por mar, como cuenta
Strabón en un relato que tendríamos que valorar más según el profesor Dr. J. M.
LUZÓN NOGUÉ. Del relato, con el que iniciamos el presente capítulo destacamos: Las islas Cassitérides son diez y se encuentran
próximas entre sí, adentradas en el mar al Norte del puerto de los Ártabros.
ESTRABÓN III, 5, 11. Según (amable comunicación epistolar) J. M. LUZÓN NOGUÉ:
Después de numerosos intentos, los romanos descubrieron la ruta, y una vez que
Publio Craso- P. Craso era el procónsul de la Hispania ulterior (96-94) y
recorrió luchando el litoral Atlántico- pasó a aquel país, vio que las minas
eran trabajadas a poca profundidad, que los hombres eran pacíficos, mostró que
todo el que quisiese podía comerciar con seguridad en aquel mar, si bien (este
mar) es mayor que el que separa la (isla) Británica. La cerámica del cuncheiro
de Lóngaras confirma este relato. Lo importante es que la existencia de esta
ruta hacia Galicia en la que comerciaron y se enriquecieron los fenicios de
Gades dejó todos los yacimientos costeros salpicados de ánforas y otros objetos
de procedencia del S. de la Península. En la ría de Xuvia aparecieron ánforas
del siglo II-I a.C., tenemos en la Casa de Cultura un fragmento de asa y cuello
de un ánfora quizá procedente de la época augusta, pero este comercio era más
antiguo, y como dijimos, recientemente se cavó en el castro de A Forca
(desembocadura del Miño), un nivel en el que aparecían abundantes ánforas de
los siglos IV y III a.C., procedentes de este comercio, publicadas por Xulio
CARBALLO ARCEO, en la memoria de excavación serie de memorias de la Xunta de
Galicia donde se hacen referencias a otros lugares en los que está testimoniado
este contacto tan temprano. César (De
bello Gall. V, 12 Nace allí el estaño en las regiones interiores
mediterráneas, en las marítimas el hierro, pero la abundancia de éste es
pequeña; suelen usar bronce importado) no menciona para nada las Cassitérides
en la costa inglesa al hablar del estaño del S. de Britania. Estrabón (II, 5,
15. Frente a estos (los del Pirineo y (costa cantábrica) por el N. se extiende
al occidente de Britania, igual que frente a los Ártabros. Por el norte, en
alta mar están situadas las islas Cassitérides, situadas aproximadamente en el
mismo paralelo que el de Britania.) distingue bien claramente a las
Cassitérides de Britania. Es como si una asociación de palabras las evocase,
las cita a continuación de los ártabros. Colocándolas por razón del secreto con
el que siempre se rodeó este metal estratégico mar adentro, y, otra vez,
asociadas estas islas a los Ártabros cuando: El estaño –dice- no se encuentra
en la superficie de la tierra, como repiten hasta la saciedad los historiadores
sino excavando; lo hay en la región de los bárbaros situados al N. de los
lusitanos, y en las islas Cassitérides, y, por otro lado, desde Britania es
transportado a Marsella. Se dice que en el país de los Ártabros, los últimos
lusitanos hacia el NW., la tierra tiene afloramiento de plata, estaño y oro
blanco (pues está mezclado con plata) y que los ríos arrastran esta tierra. El
estaño de las Cassitérides se exportaría vía Cádiz y el de la isla Británica
(Cornwall) vía Marsella. (Posidonio ex Estrabón, III, 2, 9) Y otra vez se
separan las dos rutas del estaño, la Atlántica a través de Gibraltar controlada
a buen seguro por Gades y la otra vía Marsella, que explota el estaño de las
islas Británicas: Exactamente al N. de Lusitania (III 2, 9 y III 3, 3 y III 3,
4) hay mucho estaño por las isletas situadas frente a Iberia, en el océano,
llamadas Cassitérides por lo que se encuentra en ellas. Por otra parte […],
también de la isla Británica es transportado mucho estaño a la Gallia, que está enfrente, el cual sobre
los caballos de los comerciantes y atravesando el centro de la céltica llega a
los massaliotas y a la ciudad llamada Narbona. Por su parte Mela sin duda se
refiere a los Ártabros cuando dice “Hay
algunas islas entre los celtas, que todos concuerdan en llamar Cassitérides
porque abundan en estaño. Son seis, en el mar ossismico Británico contra la
costa. Se encuentra allí un famoso oráculo de un Dios gálico, cuyas
sacerdotisas viven según se cuenta en perpetua virginidad en número de nueve:
se llaman Galicienas (Chorogr. III,
47)”. Conviene reseñar también dos breves noticias de Plinio: “Contra la
Celtiberia hay varias islas, llamadas Cassitérides por los griegos por la
fertilidad del estaño. El estaño lo
trajo por primera vez a la isla Cassiteride Midácrito” (Plinio VII, 197).
Continúa Plinio con una información preciosísima Sequitur natura plumbi, cuius duo genera, nigrum atque candidum.
Pretiosissimus candidum a Graecis appelatum Cassiteron, fabulosque narratum in
insulas Atlántici maris peti, vitilibusque navigiis circumssutis corio advelui.
Nunc certum est in Lusitania gigni, et in Gallaecia. “Sigue la naturaleza
del plomo, del que hay dos tipos, negro y candeal, es más precioso el blanco,
llamado por los griegos Cassiteron; y como cuenta la fábula, se iba a por él a
las islas del mar Atlántico y se transportaba en navíos de mimbre rodeados de
cuero. Ahora tenemos la certeza de que se origina en Lusitania y Gallaecia (Plinio XXXIV, 156)”. Y Solino
sigue al pie de la letra a Plinio para terminar diciendo:A continuación del pie
del promontorio sacro (C. S. Vicente) llamado la cabeza de Europa, donde está
la patria del estaño, se encuentran las islas Hespérides (occidentales)
habitadas por los ricos hijos de los famosos iberos. (Polibio. 26,6) D. Luis MONTEAGUDO GARCÍA (Carta de Coruña romana, III. Costa, pp.
14-32. El más completo y documentado trabajo que existe hasta hoy sobre este
problema.), a quien nos ajustamos en el presente estudio, cita el trabajo de E.
HERNÁNDEZ PACHECO para quien la franja de rocas eruptivas ácidas en que se
encuentran las Cassitérides pasa los territorios atlánticos de Bretaña y la
península de Cornualles en Inglaterra. El sabido profesor debate diversas
teorías de BLÁZQUEZ sobre el estaño y demuestra (Marino de Tiro, etc.) como el
ocultismo de los comerciantes es el que causa la confusión en la localización
de las islas y prueba la existencia de dos comercios atlánticos del estaño: el
de Gallaecia, vía Cádiz y, por lo
tanto marítimo, y el de Armórica y Cornualles, vía Marsella. Hay que destacar
que la Carta de A Coruña romana se publicó en el año 1957, y que la arqueología
no hace más que confirmar en líneas generales lo que tiene dicho. Restos
púnicos, cerámica griega, cerámica romana de tradición helenística y paredes
finas, etc. La fortuna de Craso (96-94) y, treinta y cinco años después, la de
César (60), se hicieron sin duda con la riqueza metálica de Galicia. (cf.
Plinio. Nat. Hist. IV, 112, 119;
XXXIII, 76, 77, 80; XXXIV, 156-159). J. M. LUZÓN NOGUÉ y LUIS MONTEAGUDO
muestran unánime opinión en este punto. Según el entonces director del Museo
Arqueológico Nacional (amable comunicación epistolar): No tiene nada de
particular, por consiguiente, que la ruta que un día trataron de descubrir los
romanos, al llegar estos a Gades, acabaran por conocerla, (esto sucede tras el
envío a España de los Escipiones, cuando las tropas púnicas asolaban Italia.
Sagunto fue pretexto para desencadenar la II guerra púnica que tenía
precisamente como objetivos acabar con la talasocracia cartaginesa, objetivo
cumplido en los años 204 y 203 y terminada definitivamente en el año 201). En
los yacimientos costeros, que es en los que aparecen con mayor frecuencia
restos de cerámica púnica de procedencia claramente andaluza, es donde
empezamos a encontrar la cerámica romana de tradición helenística (campaniense),
la cerámica aretina, de paredes finas y todo ese repertorio en el que se
encuadran los fragmentos encontrados por vosotros en el cuncheiro de Lóngaras.
En Lóngaras se cataloga y se constata la existencia de cerámica de época
republicana y augustea. Es decir, correspondiente al momento en que Gades se
romanizó, pero sigue teniendo con toda probabilidad un comercio que conocía
desde siglos. Sobre el comercio de Gades, actualmente Cádiz, con Galicia, hay
también un dato que no se estudió fácilmente. En Galicia aparecen con mucha
frecuencia monedas de Gades –las de los dos atunes en el reverso- (como las
encontradas en Bares, por ejemplo), en casi todos los museos y en las
colecciones particulares. La proporción en que se encuentran estas monedas en
la colección Blanco Cicerón, o en el Museo de Pontevedra, hace pensar si no
estaremos ante hallazgos locales y no de piezas adquiridas de los anticuarios.
Dentro de la producción necesaria en estos casos, hay que tener en
consideración la posibilidad de contar con un dato de circulación monetaria que
vendría a reforzar esta tesis. De todos modos se debe estudiar este asunto
conjuntamente con la de los ungüentarios de vidrio de tradición helenística y
tantas otras cuestiones largas de enumerar. En el periplo de Avieno se describe
(Ora Marítima 85.- Aquí está la urbe de Gadir, antes llamada Tartessos; aquí
las columnas del pertinaz Hércules Abyla y Calpe […] 90.- Y prominente surge
aquí la cabeza de un cabo, Oestrymnin lo llamó la antigüedad, alta mole de
piedra afilada que vierte en la mayor parte al templado Noto. Sin embargo, bajo
el prominente vértice, el Golfo Oestrymnico se abre a los habitantes. Y se les
muestran en él las islas Oestrymnicas de amplia extensión y ricas en metal de
estaño y plomo: Aquí hay mucha gente, de ánimo soberbio y astucia eficaz, 100.-
a todos une la unidad de intereses para negociar, y con las barcas entretejidas
surcan un mar enormemente agitado y se abisman en el océano poblado de
monstruos. Aquí no construyeron las lanchas de pino, ni de acerácea, ni curvan
los abetos, según la costumbre, sino cosa de admirarse siempre preparan las
embarcaciones con pieles unidas y recorren a menudo el vasto mar con el cuero.
Desde aquí, a la isla sagrada, así la llamaron los antiguos, hay dos días de navegación.
110.- Entre estas aguas se encuentra mucha tierra y gran parte de esta la
habitan los hibernos. Cerca sale a la vista la isla de los Albiónes) la ruta
del comercio atlántico en la Edad del Bronce. Rufo Festo Avieno que escribe en
siglo IV d.C. trabaja con fuentes muy antiguas (cita once nombres) como el
periplo Massaliota, el documento más antiguo de autores griegos, conservado en
la antigüedad, que nos da la única información que poseemos de la Edad del
Bronce en el noroeste peninsular. Muestra una temprana vocación comercial y
marinera ratificada por la arqueología (espadas pistiliformes, lúnulas,
etc.).Los Tartessos tenían la costumbre de ir a negociar a los términos de los
Oestrymnios. Según Luzón Nogué: Los fenicios, por lo tanto, no hicieron otra
cosa que hacerse dueños de una ruta que ya estaba consolidada, del mismo modo
que los romanos hicieron después de ellos. En este caso también la arqueología
nos permite reconocer la existencia de espadas pistiliformes de bronce en el
Sil, en la ría de Huelva o en Cerdeña (c.f Actas
II. Coloquio Galaico-Minhoto II vol. pág. 117, 118). Que son probablemente
el elemento más reconocible de este trasiego comercial. Las opiniones de J. M.
Luzón Nogué sobre esta primera etapa del comercio atlántico están resumidas en
el prólogo del libro de Gonzalo Meixide sobre las espadas del Bronce final en
la Península Ibérica, publicado recientemente por el Departamento de
Arqueología de la Universidad de Santiago.De acuerdo con las fuentes, la
arqueología en la costa de Galicia y en los yacimientos que, de una forma u
otra tuvieron contacto con las culturas meridionales de la Península, tendría
que dar tres niveles reconocibles:1) El de la Edad del Bronce, con una mayor
intensidad en los siglos X, IX, VIII a.C. Tras finalizar hacia el 1200 la
tremenda oleada de invasiones piraticas de los Pueblos del Mar, similar a la
que en el 844 d.C. llevaron a cabo los normandos por su amplitud geográfica y
que tal vez dejase en Galicia la leyenda de la Coca o de la Tarasca y los bailes
de espadas de los puertos marineros, como las leyendas que se mantienen en
Vilasuso en O Val donde un dragón marino con alas y conchas llega hasta una
casa del Mortuxo aterrorizando a toda la población, aunque estos trasfondos se
mezclaron pronto con las tradiciones solares del héroe luminoso expulsando a la
noche y el invierno representado por el dragón. Estos Pueblos del Mar con un
dragón (Ketos) como mascarón de proa da lugar a la leyenda de Laocoonte en la
mitología griega, “cuando el sacerdote troyano sacrifica a Poseidón en la arena
de la playa llegan dos dragones (Ketoi) a la playa que se convierten en hombres
y dan muerte a Laocoonte y a uno de sus hijos”. Esta y otras leyendas como el
rapto de Ariadna y el mito de Andrómeda y Perseo están estrechamente
relacionadas con la Coca o Tarasca gallega, pervivencias en la memoria
colectiva y celebradas desde milenios hasta hace poco tiempo el día del Hábeas,
auténtica fiesta de la Tarasca que la iglesia consiguió borrar de la memoria
popular que se mantiene en Portugal con toda su fuerza y se está recuperando en
Galicia, donde en los puertos marineros su recuerdo no murió, como nos muestran
los relatos que aún se conservan por los viejos de Vilasuso en O Val y en otros
pueblos gallegos. El dragón sin duda era uno de estos distintivos llamados por
los griegos AKROSTOLION que servía, como bien indica Luzón Nogué (en su trabajo
La Navegación en la Edad del Bronce
donde se aclaran, combinando fuentes y arqueología, una serie de hallazgos
arqueológicos hasta ahora difíciles de dimensionar históricamente), para
identificar la procedencia y nacionalidad de las naves y da origen a multitud
de leyendas en la mitología de los pueblos costeros europeos.Sabemos que a
mediados de la décima centuria Salomón (972-936) yerno de Hiram I, el poderoso
Rey de Tiro, financia por un tratado los astilleros de Asiogaber, y que recibía
un porcentaje sobre las expediciones marítimas que llevaban a cabo los fenicios
cada tres años hacia Gades, donde recogían el estaño, el oro y el ámbar
recogido por los intermediarios Tartésicos de las Cassitérides, Galicia y los
mares nórdicos. La hegemonía fenicia se mantiene por Tiro y Sidón desde el año
1000 en que se instalan en Gades (Cádiz) y Lixos
(El Arash) en Marruecos.En el siglo V un tratado fijó en el cabo da Nao
(Artemisión) los límites comerciales entre los focenses y los cartagineses.
Cartago retoma el papel de los fenicios y arruina Tartessos en el año 500, que
vuelve enseguida a renacer bajo su control, teniendo desde entonces y hasta la
conquista romana la exclusividad del comercio con las Cassitérides del estaño y
el oro. En el 550 se produce el viaje de Himilcón a las costas gallegas y a las
islas Británicas. 2) El del comercio fenicio-púnico-gaditano, que quizás se
pueda subdividir en dos etapas: orientalizante y helenística que llega hasta el
siglo III a.C. En el año 323, Piteas y Eutimenes cruzan el estrecho, protegidos
por el prestigio de Alejandro Magno. Piteas llega hasta la isla de Islandia,
con su volcán el sol de medianoche (cuestionado por Plinio, Polibio y Estrabón,
que no lo creen); 3) El de la presencia romana cuya última etapa, la época
republicana y augustea, es la que se corresponde con nuestro Cuncheiro de
Lóngaras. Las cunchas de ambas orillas del camino de carro que llevaba al
embarcadero de Lóngaras son el epílogo de una larga historia de comercio entre
los Lapatiancos y los habitantes de O Val de Trasancos *Trs-ancos, y entre
estos y el mundo Mediterráneo a través de los gaditanos.
Andrés Pena Graña